CONVICCIONES DE LA VERDADERA IGLESIA DE CRISTO

“a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro” 1ª Corintios 1:1


La iglesia de Dios no es un local de reunión ni una institución organizada. La iglesia de Dios es el grupo de los pecadores redimidos para vida eterna, que han sido llamados a ser santos (apartados), y para invocar el nombre de nuestro Señor Jesucristo en cualquier lugar donde ellos se reúnen. Esa es la clara enseñanza apostólica; y esa ha de ser nuestra convicción sobre la base de la biblia misma y no sobre la base de dogmas humanos, catecismos ni acuerdos conciliares.

La Iglesia de Cristo sigue su peregrinaje con o sin “templo”

Por muchos años, he presenciado el apego casi obsesivo de líderes de las iglesias cristianas, para llegar a tener su tan anhelado “templo”; y mientras más grande y más ostentoso, mejor. Muchos no pueden concebir una iglesia sin templo y sin institución. Pero quizás la pandemia actual ha permitido a más de alguno de ellos  comprender (por la biblia) que la iglesia sigue funcionando con o sin “templo”, y que la infalible Palabra de Dios jamás puede ser confinada o declarada en cuarentena.

En medio de la contingencia mundial, muchas iglesias corporativas han sido privadas de su institución y de sus procedimientos normales debido a la suspensión de reuniones presenciales en sus templos, capillas o como se quiera llamar a los grandes locales de reunión. Por tal razón, surge fuertemente la reflexión acerca de las convicciones de la verdadera iglesia de Cristo, asomando la necesidad de leer la biblia y de “empaparse” del testimonio de los verdaderos cristianos que abundan en el nuevo testamento, cuya perspectiva nunca fue la de una institución arraigada a este mundo, sino que la fiel predicación del evangelio de Jesucristo para vida eterna.

La pandemia actual ha dejado ver, que a muchos se les ha “movido el piso” debido al “gran accidente” institucional y corporativo que ha producido el confinamiento restrictivo de las medidas impuestas por la autoridad sanitaria en los distintos países. Muchos pastores asalariados, han estado afligidos debido a que los feligreses no están “diezmando” como antes. Los locales de reunión están cerrados y vacíos; con sus bancas y altares polvorientos, por lo tanto, aquellos que concebían la iglesia solo como una empresa que funciona institucionalmente, ahora se sienten en medio de una “cesantía” como quien ha perdido su empleo en medio de la crisis. Otros lamentan la estrepitosa caída del comercio de sus libros y las recaudaciones en el cobro de entradas para sus suntuosas conferencias y seminarios. Unos y otros, mirando como asumir y enfrentar la crisis y el pronto regreso a la llamada “nueva normalidad”.

El drama de aquellos “cristianos nominales”

Quizás lo más penoso, es que dramáticamente para otros, el no poder reunirse en sus templos y ver a sus amistades, como era lo habitual, les ha llevado a “enfriarse” espiritualmente, y en un sentido de deserción, olvidarse de que son cristianos todos los días, con o sin local de reunión. Este grupo de personas, ha dejado de apreciar a su iglesia local y se han rendido a las directrices de sus propias mentes naturales, tan igual como aquellos que nunca han pertenecido a ninguna iglesia. La pandemia en cierto modo, ha corrido el velo religioso de muchos que nunca habían nacido de nuevo y que mantienen vigente la necesidad urgente de salvación.

La perseverancia de los peregrinos y la comunión unos con otros

Pero para quienes la iglesia de Cristo, nunca ha sido una institución organizada que imperiosamente tiene que reunirse en sus templos o locales para cumplir fielmente aquellas liturgias y dogmas; este estado de excepción que les ha llevado a estar encerrados en sus casas, ha profundizado aún más sus convicciones de cristiano. El descubrir por la biblia que el creyente verdadero no necesita un local de reunión para vivir conforme a las demandas de La Palabra de Dios, es parte de las convicciones de la verdadera iglesia de Cristo y de aquellos que han nacido de nuevo.

No obstante, la pandemia y el confinamiento, sí que ha producido algo legítimamente doloroso y que se transforma en un pesar; me refiero al temporal impedimento de practicar la necesaria comunión unos con otros, y que solo se logra plenamente en el lugar donde se reúne la iglesia. La ausencia de los sinceros saludos y abrazos de los hermanos, ciertamente que se extraña. La comunicación virtual, a la cual hemos tenido que “echar mano” en este tiempo sin precedentes, aunque útil, no sustituye la comunión práctica de los santos. Agradecemos sinceramente al Señor el poder continuar reuniéndonos “virtualmente”, pero anhelamos fervientemente las reuniones presenciales.

Los primeros cristianos no se “enamoraban” de templos o locales de reunión, sino que de la verdadera comunión los unos a los otros. Es esa convicción de estar juntos para orar, cantar, partir el pan y estudiar las santas escrituras con alegría y sencillez de corazón (Hechos 2:46); anhelando con gozo que cada día de reunión ninguno falte. Ellos se reunían en las casas, y aun en los tiempos de persecución, lo hacían furtivamente entre las nauseabundas catacumbas y alcantarillas de la ciudad. Esas son las convicciones de la verdadera iglesia de Cristo.

Creo que este articulo tiene un especial y personal significado; considerando que está escrito en medio de un tiempo de prueba sin precedentes en nuestras vidas. En donde hemos sido confinados obligatoriamente “para nuestro bien” (según lo dice la autoridad), y en donde, el único “motor” que nos mantiene, es la fe que Dios puso un día en nuestra vida. Como dice la escritura en varias partes: “Mas el justo por la fe vivirá” Romanos 1:17.

Las convicciones de la verdadera iglesia de Cristo van más allá de las circunstancias y de los hechos temporales; y se hacen más fuertes en la adversidad que en la comodidad. La iglesia más gloriosa de la cual se tiene memoria, es aquella que fue perseguida y martirizada en donde las convicciones de los hermanos y la gracia de Dios abundando en ellos, se hacía más nítida en medio de un escenario hostil que ninguno de nosotros quisiera atravesar en nuestros días. Tan solo recordemos la extrema pobreza de las iglesias en Macedonia (2ª Corintios 8: 1-4) o la brutal persecución de la iglesia en Esmirna (Apocalipsis 2: 8-11).

Para ser justos, nosotros no hemos vivido nada en comparación a aquellos nobles hermanos de antaño. Sin embargo, este tiempo difícil que vivimos en medio de la contingencia mundial, es un buen tiempo para poner a prueba nuestras convicciones y profundas reflexiones de los errores y negligencias pasadas, antes de entrar en este estado de cuarentenas y limitaciones. Antes decíamos “me falta tiempo para ir a las reuniones, para estudiar la biblia, orar; para esto y aquello”. Pero ahora no podemos decir lo mismo. Ahora tenemos más tiempo. Es decir, en medio de esta prueba, El Soberano Señor ha permitido que tengamos más tiempo para él y para fortalecer nuestras convicciones. ¿Estas aprovechando este valioso tiempo? La biblia dice:

“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” Efesios 5: 15-17

Que la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, nos ayuda a valorar este tiempo malo, para aprovecharlo y para fortalecer las convicciones como verdaderos creyentes y miembros de la verdadera iglesia de Cristo que él vendrá a buscar muy pronto. Que así sea. Amén. Maranata.

PEL 07/2020

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