Devocional

DESENVAINANDO LA ESPADA

Una breve reflexión sobre la similitud de Pedro y la cristiandad actual


“Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada, e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote, le quitó la oreja. Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán.  ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?  ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga?” Mateo 26: 51-54

 Estos textos relatan la dramática escena cuando nuestro Señor fue arrestado como un vil delincuente por aquella escuadrilla de hombres que, portando espadas y palos, fueron guiados hacia el huerto de Getsemaní por Judas el traidor. Ciertamente, este decepcionante escenario no sorprendió en lo absoluto a nuestro Señor Jesucristo quien, cual Dios Soberano, ya lo había predicho, y sabía todo lo que iba a ocurrir. La biblia dice:

“Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?  Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce” Juan 6:70-71

Fue el propio Jesús quien demostró su omnisciencia al anunciar anticipadamente que Judas le iba a traicionar. (Mateo 26:21-25, Juan 13:21-30). Pero también anunció con precisión que Pedro le iba a negar tres veces antes del canto del gallo (Mateo 26:34)

Jesús sabía todo lo que de antemano estaba determinado que sucediera (Hechos 4:27-28). Él muestra una fidelidad irrestricta al itinerario que El Padre le había dado desde la eternidad. Nada de lo que ocurrió, fue por arte de la suerte o por coincidencias circunstanciales. La biblia presenta textos que usan la expresión “era necesario”, aludiendo al concepto imperativo u obligatorio. Por ejemplo:

“Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” Mateo 16:21

“Y le era necesario pasar por Samaria” Juan 4: 4

“Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa” Lucas 19:5

Esta expresión “necesario” [gr. δεῖ = dei], es interpretada como “deber”, tal cual lo traducen otras versiones de la biblia, entre ellas la versión inglesa KJS que utiliza el imperativo “must” evidenciando el imperativo <deber>. Es decir, todo el “itinerario” de nuestro Señor y Salvador, fue un camino anticipado y profetizado de antemano. Nunca nada fue circunstancial o azaroso. El Dios soberano ya lo había determinado con precisión. Sin duda. Como dijo Pablo:

“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” 1ª Corintios 15: 3-4

En otras palabras, nuestro Señor Jesucristo nos muestra una sumisión absoluta a las profecías que debían de cumplirse. Esa fue su misión y así fue su resultado. Él obedeció y se sometió voluntariamente a la voluntad de su Padre, quien ya había hablado de antemano.

Pero los hombres, quienes poseemos una pequeña fe, tal cual como la “semilla de mostaza” (Mateo 17:20), nos cuesta mucho creer y someternos a los designios y voluntad de Dios, la cual desde antes ya ha sido determinada. Y por consecuencia, queremos “intervenir” e insolentemente “mejorar o corregir” lo que El Soberano ya ha determinado. Ese es el mal que está viviendo en particular la cristiandad actual. Es por eso que hoy se han desechado las profecías desde los pulpitos, y algunos osadamente hasta están “escribiendo la historia”; de ahí, por ejemplo, asoman los grupos emergentes como aquel llamado “Acts 29” (Hechos 29) que pretende seguir escribiendo la historia de la iglesia; lo cual es un completo disparate. Dios ya ha hablado, y lo que nosotros necesitamos es ser fiel a su voluntad y esperar el cumplimiento de los tiempos.

Entonces, es hora de preguntarnos sobre la base del texto que encabeza este artículo: ¿Quién fue aquel que desenvainó la espada para pretender defender al Señor? Bueno, este fue Simón Pedro aquel impulsivo discípulo quien desenvainó la espada para pretender “defender al Señor”. Note que la valentía, osadía y esmero de Pedro, no está en cuestión. La pregunta que debe resaltar ante la acción temeraria de Pedro es: ¿era la voluntad soberana de Dios desenvainar la espada para “defender al Señor”, cortando la oreja de aquel siervo del sumo sacerdote? ¡Evidentemente que no! Cristo vino a morir por los pecadores. Pedro no lograba entender que una vez más, estaba siendo tropiezo, queriendo de manera absurda cambiar el curso de la profecía.

Pero Pedro no solo en este episodio demostró su descuido con las profecías que Cristo amablemente le había confidenciado, sino que era una constante. Porque fue Pedro quien quiso “reconvenir” al Señor para que no fuera a Jerusalén (Mateo 16:22). ¿Acaso Pedro quería oponerse al “propósito de los propósitos”, cual era, que El Hijo de Dios viniera a morir por los pecadores? Obviamente, la “buena intención” de Pedro estaba en opuesta dirección a la voluntad de Dios; y tanto fue así, que el propio Salvador enseña que esta “inspiración”, y que después llevó a Pedro a desenvainar su espada, provenía del mismísimo satanás. Jesus le dijo:

“¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” Mateo 16:23

El perder la perspectiva de las cosas de Dios soberano, se traduce inmediatamente en volver la vista en las cosas de los hombres. Así ocurrió con Pedro, y así ocurre con la cristiandad actual que esta “desenvainando la espada” para defender al Señor de los malvados que se están multiplicando en la actualidad. Pero, ¿acaso no dice la escritura que esto ocurrirá así? ¿Será que se está cometiendo el mismo error de Pedro, menospreciando las profecías? Así es. No hay dudas.

Otro detalle más sobre Pedro. El Señor le entrega la profecía más dramática, en la cual Pedro sería el protagonista en un corto plazo. Él le dice:

“…De cierto te digo que esta noche, antes que el gallo cante, me negarás tres veces” Mateo 26:34

Esta profecía fue entregada inmediatamente después de que el impulsivo Pedro había ignorado una profecía anterior que El Señor les anunció a todos:

“Todos vosotros os escandalizaréis de mí esta noche; porque escrito está: Heriré al pastor, y las ovejas del rebaño serán dispersadas. Pero después que haya resucitado, iré delante de vosotros a Galilea.” Mateo 26:31-32

Esta profecía había sido dicha cientos de años antes por el profeta Zacarías (Zacarías   13:7), y que, como bien sabemos, tuvo su cumplimiento literal desde el arresto de Jesús en el huerto de Getsemaní en el olivar. Sin embargo, Pedro, aquel que “no se iba a quedar con sus brazos cruzados” [como se razona hoy en medio de una iglesia compulsiva e insolente], dijo: “Aunque todos se escandalicen de ti, yo nunca me escandalizaré” (Mateo 26: 33). Pero la profecía siguió su curso y se cumplió literal y plenamente, tal cual El Señor ya lo había anticipado. Es decir, todos se escandalizaron de Jesús incluyendo a Pedro, y es más, este mismo terminó negándole tres veces, tal como El Señor lo había previamente profetizado.

Ahora bien, como hemos visto, una vez que el traidor Judas lleva a la escuadrilla de malignos que arrestaron al Señor con espadas y palos, fue Pedro quien desenvainó su espada para pretender defender al Señor, hiriendo la oreja a Malco, el siervo del sumo sacerdote. Es en este momento cuando nuestro amado Señor y Salvador Jesucristo nos deja una tremenda enseñanza que se debe elevar y enfatizar en esta parte del artículo. Jesus le dice al osado Pedro:

“Vuelve tu espada a su lugar; porque todos los que tomen espada, a espada perecerán. ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirían las Escrituras, de que es necesario que así se haga? Mateo 26: 53-54

Ahora es el Soberano que sabiamente, y conforme a la voluntad de su Padre, “reconvino” a Pedro para deponer tan insensata actitud. Esta escena me hace pensar que la propia escritura ya decía: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu ha dicho El Señor“(Zacarías 4:6).

Luego El Señor Jesucristo le hace reflexionar a Pedro, para que entendiese que El Salvador sí seguía teniendo el control de todo lo que estaba aconteciendo en Getsemaní. Ahí mismo El Soberano hecho carne, le dice que podría haber orado al Padre por huestes celestiales para que viniesen a defenderle. Él habla de doce legiones de ángeles, lo que significa algo así como un ejército de más de setenta mil efectivos angelicales. ¿Qué comparación habría entre la espadita de un hombrecito frágil y dependiente como Pedro, ante tan colosal ejercito? Si Jesús hubiese querido, no habría sido Pedro, ni ningún hombre capaz de defenderlo, sino que las propias huestes celestiales que siempre han existido para servirle (vea Mateo 4:11). Pero hipotéticamente hablando, ¿Qué haríamos si eso hubiese ocurrido? ¿Qué haríamos si el Salvador no hubiera sido arrestado, maltratado y crucificado en el Gólgota, y al tercer día resucitar? Pero ¡gracias sean dadas a Dios! que ningún hombre; ni las huestes de maldad comandadas por satanás, pudieron impedir que la bendita profecía del evangelio eterno de nuestro Señor Jesucristo, se cumpliera sobre aquel itinerario determinado de antemano.

Por tal razón, nuestro Señor Jesucristo le insiste a Pedro a que el centro de todo, era el cumplimiento de las Escrituras, porque allí estaba la voluntad de Dios de antemano determinada. Si librar al Señor de esa hora de angustia, hacia feliz a sus discípulos, no significaba de modo alguno, que aquello era la voluntad de Dios. Cristo vino a este mundo a padecer y morir conforme a las escrituras, y estas debían cumplirse literalmente; y así sucedió. Ni la “buena intensión” ni la sinceridad de Pedro pudo evitar el cumplimiento de la voluntad de Dios. Como dijo Job: “Pero si él determina una cosa, ¿quién lo hará cambiar? Su alma deseó, e hizo”  Job 23:13

Ahora podemos entender mejor porque El Señor le dice a Pedro: “…es necesario que así se haga” (Mateo 26: 54b), es decir, “es obligatorio que esto ocurra”. La vida de Jesús, su itinerario de 33 años pisando este mundo; su padecimiento, su muerte y su resurrección, estaba de antemano determinado que sucediera (Hechos 2:23, 4: 27-28). La profecía se cumplió conforme a las Escrituras.

Una Iglesia desenvainando la espada…

A miles de años de esta escena, y por cierto, de una magistral lección sobre considerar atentamente las profecías y el cumplimiento de la escrituras, vemos a una actual cristiandad que está haciendo diametralmente lo contrario.

La actitud de “desenvainar la espada” para defender “el reino de Dios” y frenar a “los malos”, no solo fue la necia actitud de Pedro que se muestra en el texto selecto que hemos analizado, sino que también fue el espíritu que movió a las tristemente célebres “las cruzadas”, cuyos cultores querían imponer su “cristianismo” a sangre y fuego; episodio de la historia que está teñido con la sangre de millones de personas en el nombre del “cristianismo”

De igual manera, hoy “la iglesia”, que ha perdido “la brújula”, puesto que ha olvidado las profecías, también ha olvidado que Su Señor sigue teniendo el poder para enviar legiones de ángeles y destruir a los malvados y cambiar el mundo. Pero si eso ocurriera ¿Cómo entonces se cumplirían las Escrituras?

Amados hermanos, depongamos la necia actitud de levantar “la espada” y volvámosla a la vaina. Porque Dios sigue teniendo el control de todo. Él es Soberano, y ya nos ha dicho en Su Palabra que todo lo que está ocurriendo en este mundo de maldad “es necesario” que así ocurra. Nuestra redención está más cerca de lo que pensamos.

Que la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo nos ayude a confiar en Él y en el poder su fuerza en estos días difíciles y peligrosos. Que así sea. Amén. Maranata.

PEL 07/2019

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