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EL AMOR DE CRISTO NOS CONSTRIÑE (2 Corintios 5:14)

Estas últimas semanas hemos estado meditando mucho acerca de esta profunda enseñanza de las sagradas escrituras que habla del incomprensible amor de Dios. Es este atributo esencial del Dios todopoderoso que se ha extendido de manera especial y particular a cada uno de los que por gracia somos creyentes y gozamos de la salvación para vida eterna.

Lo cierto es que el pasaje citado por Pablo a los corintios, nos habla del efecto salvífico del amor de Cristo que nos constriñe. La palabra constreñir (Gr. Sunecho συνέχω) significa obligar, imponer, o forzar hacia algo. La verdad es que todos los creyentes hemos sido forzados aun en contra de nuestra voluntad para estar en esta actual esfera de salvación para la gloria de Dios. Ninguno de nosotros buscó a Dios (Romanos 3:10-12) ni nadie le dio algo a Él primero para que le fuese recompensado (Romanos 11: 35). La biblia habla mucho acerca de este amor que “constriñe”.

En el contexto directo, el capítulo 5 de la 2ª carta a los corintios, Dios por medio del apóstol nos habla de doctrinas claras y contundentes. Desde la indiscutible realidad de lo presente y ciertamente del plano futuro, como debe ser toda exposición del evangelio. Pablo habla de nuestro cuerpo (tabernáculo) terrenal, pero también de aquel cuerpo glorificado que recibiremos el día de la venida de Cristo o cuando seamos resucitados. Es la esperanza de gloria celestial que reviste maravillosamente el evangelio de nuestro Señor Jesucristo. Si alguien predica sin hablar del porvenir del creyente, definitivamente eso no es el evangelio.

Además, en el mismo trozo de las escrituras, Pablo habla acerca de la doctrina del tribunal de Cristo donde cada creyente tendrá que comparecer. Pero también se nos señala en consonancia con toda la doctrina bíblica, de que aquel que hoy es salvo, lo será por toda la eternidad debido a la nueva creación en Cristo. De esto y de muchas otras cosas más, nuestro intelecto, emociones y voluntad han sido transformados en convictos del Espíritu Santo mediante el amor de Cristo que nos constriñe.

Desde el inicio de nuestra salvación, el amor de Dios revela su característica de elección soberana basada en el puro afecto de su voluntad (Efesios 1: 5) y no en nuestros méritos (Tito 3:5). Es ese amor que nos conoció desde antes de la fundación del mundo para salvación; nos predestinó, nos llamó, nos justificó y nos glorificó (Romanos 8: 28-30) Toda la biblia abunda en esta bendita enseñanza de aquel amor incondicional de Dios que nos ha constreñido, doblegando nuestra propia voluntad:

“No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó” Deuteronomio 7: 7-8

 “Me sedujiste, oh Jehová, y fui seducido; más fuerte fuiste que yo, y me venciste” Jeremías 20:7

 “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor” Oseas 11: 4a – “Los amaré de pura gracia” Oseas 14:4

 “A Jacob amé” Malaquías 1:2, Romanos 9:13

 “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados…Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” 1 Juan 4: 10 y 19

 “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” Juan 10:44a

EL VÍNCULO PERFECTO

Quizás uno de los pasajes que resume y aclara mucho más los efectos irresistibles del amor de Dios que nos ha constreñido, es este donde Pablo lo describe como el “vinculo perfecto”

“Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” Colosenses 3:14

La palabra vinculo (gr. Sundesmos – σύνδεσμος) puede ser traducida como lazo que aprisiona o definitivamente como una cárcel o prisión. Es la misma idea de cuando el ganadero lanza la cuerda para atrapar al animal y atraerlo hacia sí. El animal en contra de su voluntad se somete a la potencia de este “vinculo o lazo” y termina doblegándose en las manos de aquel que le atrae. Precisamente así fuimos arrastrados hacia Dios mediante su insondable amor.

En otras palabras, Dios extendió su amor como un vínculo perfecto que nos atrapó, nos constriñó y nos trajo hacia él para permanecer con él; y no solo por un tiempo, sino que por toda la eternidad (vea Marcos 3: 13-14, 1 Tesalonicenses 4:17).

Pablo nos hace un llamado a vestirnos de este genuino y santo amor. Ciertamente, es un amor muy distinto al amor humano que solo se limita en términos de reciprocidad, es decir, nosotros solo amamos a quienes nos aman. Nuestro amor es condicional, pero el amor de Dios es incondicional. Nuestro amor es emocional, pero el amor de Dios es de voluntad.

Amados hermanos que Dios nos ayude a amar incondicional y voluntariamente, pensando siempre que nosotros hemos sido amados por Dios de esta manera; y que solo su amor fue aquel vínculo o lazo que nos ha atrapado y nos ha constreñido para venir a Él y tener vida eterna. A Él sea la gloria.

Que la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo nos de la sensibilidad, sumisión y voluntad ante este importante tema. Que así sea. Amén.

PEL 01/2018

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