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El ocio, el chisme y la murmuración

“Las palabras del chismoso son como bocados suaves,

Y penetran hasta las entrañas”

Proverbios 18:8


Ante esta clara evidencia bíblica, nadie podría negar que el chisme y la murmuración tengan ese dejo atractivo y seductor. De hecho, vivimos sumergidos en una sociedad que se mueve mucho en medio de esta “deliciosa” dinámica. Ahí tenemos por ejemplo a la televisión farandulera que precisamente se sustenta y se mantiene gracias a esto.

El rey Salomón, describe el chisme como un “bocado suave” [otra versión dice: “bocado delicioso”]. Es interesante considerar que la palabra proviene de “boca”, y que apunta a la idea de una porción que se arranca con la boca. Cuando alguien mastica un trozo de torta o un pedazo de un exquisito pastel, ahí está la base del significado del “bocado suave”. Nadie podría ver algo nocivo en participar de un suave bocado de algo delicioso. Sin embargo, la biblia agrega algo más acerca de este bocado suave; que “penetra hasta las entrañas”.

La palabra “entrañas” alude a lo más profundo del ser de un individuo. Es decir, las palabras del chismoso que son un delicioso “bocado suave”, no solo queda en el “paladar”, sino que rápidamente ingresa al alma de la persona; modifica sus emociones y termina alterando su voluntad (comportamiento), por lo tanto, no podemos negar que aquello que parece deleitoso e inofensivo del chisme, siempre termina siendo un componente pecaminoso y dañino. Por tal razón, es la necesidad de este artículo.

Está claro que el chisme siempre mostrará una cara manipuladora y de doble intenciones. Nunca se evidenciará a “cara limpia”; a la luz y mirando a los ojos. Porque si así fuere, ya dejaría de ser un “bocado suave”, tierno y deleitoso. Al contrario, la idea furtiva u oculta de dar un “mordisco” a lo prohibido y a lo que Dios aborrece, siempre será más deleitoso para nuestra naturaleza pecaminosa. Acaso ¿no fue así lo que ocurrió en el Edén? El pecado se mostró como una deliciosa tentación encerrada en aquel fruto del árbol prohibido por Dios, pero que el hombre en su obstinada desobediencia, deliberadamente dio el primer “mordisco o bocado”, y que como consecuencia, trajo la ruina a toda la humanidad. (Génesis 3: 1-8).

La tentación de caer en los “bocados suaves” del chismoso y del murmurador, siempre estará delante de los hijos de Dios. Pero el asunto de como enfrentamos esta situación, es la base de nuestro éxito o fracaso. El permitir oír al chismoso o murmurador, ya se transforma en el primer paso hacia un error garrafal con consecuencias inevitables. El llegar a decir “todos de algún modo somos chismosos y murmuradores” para justificar este pecado, es caer en el mismo argumento que el mundo presenta para defenderse ante la exigencia moral que Dios exige en su palabra. Nadie se justificará delante de Dios diciendo: “pero si todos somos pecadores…”

¿Qué hay detrás del Chisme y la Murmuración?

Siempre detrás del chismoso y murmurador, está el ocio y una triste realidad de desdicha y raíces de amargura. Nunca veremos a alguien medianamente alegre y ocupado en varias cosas productivas y edificantes; pero que paralelamente promueva el chisme o la murmuración. Siempre detrás de un chismoso, se descubre un escenario de “tiempo muerto” sin aprovechar y además, profundas raíces de amargura que se acarrean normalmente desde la niñez, pero que lamentablemente, muchas de ellas perduran en el tiempo. Eso es lo que he visto y comprobado a través de los años.

Esta situación no cambia, a menos que la persona afectada, primero reconozca aquello, y luego pida perdón al Señor por este pecado. Es decir, debemos reconocer que el chisme y la murmuración, no es algo normal, sin importancia o superficial, sino que es un pecado, y que además encierra asuntos aún más ocultos, que no solo dañan a la persona directamente, sino a quienes la rodean (familia, vecinos, iglesia, etc.)

LAS RAICES DE AMARGURA

“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” Hebreos 12:15

El asunto de la amargura es muy serio y merece ser analizado a la luz de las sagradas escrituras. El texto presentado revela la evidente oposición que se manifiesta entre lo que es la gracia de Dios y las consecuencias de la amargura.

En el texto citado, el argumento respecto a las raíces de amargura hace referencia al afamado Esaú quien, como bien sabemos, negoció su primogenitura por un plato de legumbres, despreciando así la gracia de Dios.

“…no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura” Hebreos 12: 16

Lo que ocurrió con Esaú nos habla del desprecio que los hombres sienten por el favor desmerecido de Dios. Los hombres argumentan, elevan sus postulados, sus axiomas o teorías, dándole un cariz de racionalidad a la verdad absoluta de Dios, y terminan negociando a un precio mísero las invaluables virtudes de la multiforme gracia de Dios; suplantando su gloria por los méritos de los hombres, suprimiendo la gracia y desatando las obras para generar esclavitud en aquellos que han sido libertados en Cristo.

La biblia especifica que la amargura echa raíces y que eventualmente puede brotar hacia el exterior, y lo más grave, es que su estorbo produce efectos nocivos que no solo daña al portador de aquella raíz amarga, sino que a todo su entorno, incluyendo a las personas más cercanas. Un padre con raíces de amargura, terminará amargando a su esposa, a sus hijos y a todos quienes se le acerquen.

Un hermano amargado y que rehúsa reconocer y entregar esas amarguras en el trono de la gracia de Dios, terminará por amargar al resto. Por tal razón Pablo Advierte:

“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. 32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” Efesios 4: 31-32

Las consecuencias de este profano Esaú, todos las sabemos; un hombre lleno de raíces de amargura manifestadas en una vida estéril, vacía, triste y solo con “hambre” de venganza en contra de su hermano Jacob. La amargura de Esaú se deja ver además en su propia descendencia: los Edomitas, pueblo que al igual que su padre, también acarreaba dicho lastre. Los Edomitas (descendientes de Edom o Esaú, Ver Génesis 25:30, 36:1), fueron acérrimos enemigos de Israel. El profeta Adbías, profetiza sobre el juicio de Dios a este pueblo (Abdías 1).

Al igual que este ejemplo bíblico, toda persona que permite la siembra y la conservación de raíces de amargura en contra de algo o de alguien, terminará siendo enemigo de ese algo o de ese alguien. La vida de aquel que desprecia la gracia de Dios, es una vida llena de raíces de amargura con tristes desenlaces. La amargura de espíritu contamina y se eleva como una mano empuñada en contra de Dios. Por esa misma amargura, Caín mató a su hermano Abel, los hijos de Jacob vendieron a su hermano José a los madianitas y Saul persiguió obstinadamente a David para darle muerte, etc.; y así podríamos seguir citando más ejemplos. Pero finalmente, creo oportuno meditar en lo que nos enseña Santiago:

“Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad;  porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica” Santiago 3: 14-15

La amargura siempre llevará a la contienda y a la enemistad. Por lo tanto, es necesario desarraigar inmediatamente cualquier asomo de amargura que se muestre en nuestro corazón, antes de que esta eche raíces profundas que acarrearán más consecuencias. Santiago nos llama a “no mentir contra la verdad”. A veces disfrazamos nuestra propia amargura entronizada en nuestro orgullo diciendo: “estoy muy bien y excelente”, cuando eso NO es la verdad. El Señor quiere que seamos veraces, y que reconozcamos cuando algo nos amarga o nos está amargando constantemente; debemos ser humildes y pedir ayuda de manera oportuna. De lo contrario, la soberbia creará una careta de falsa sabiduría, y que Santiago la califica como: “terrenal, animal y diabólica”. Esto es serio amados hermanos y debemos prestar atención de ahora en adelante, ¡por nosotros, nuestras familias y por la iglesia!

EL OCIO

El ocio viene a ser siempre el fiel aliado y el mejor escenario para cualquier pecado. Una persona ociosa, siempre dará paso a otros pecados. La palabra ocio es sinónimo de “desocupación, pérdida del tiempo libre o vagancia” Es decir, cuando una persona no utiliza su tiempo en cosas productivas, definitivamente lo pierde en el ocio. La biblia nos instruye directamente a huir del ocio y aprovechar el tiempo.

“aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” Efesios 5:16

Pablo insta a los cristianos en Éfeso a “aprovechar el tiempo”. Esta palabra puede ser traducida como “redimir el tiempo” (Gr. exagorazó ἐξαγοράζω), lo que indica la idea de rescatar. En palabras simples, la exhortación apostólica apunta precisamente a rescatar o “comprar” el escaso y apreciado tiempo. La razón de tal exhortación es “porque los días son malos”; expresión que podría traducirse como “días agónicos”. Es interesante que Pablo usa la palabra “Kayros” para “tiempo”, entendiendo que estamos en una época profética que la biblia la llama “últimos tiempos [difíciles y peligrosos]” (2 Timoteo 3:1).

En medio del ocio siempre se conciben otros pecados; precisamente algunos como el del chisme o murmuración. Un gran factor actual es la invasión tecnológica. Aunque es bueno advertir que la tecnología “per se”, bien utilizada puede ser provechosa, sin embargo, debido a nuestra naturaleza pecaminosa, comúnmente se transforma en una herramienta que aumenta más nuestro ocio, el cual siempre será la antesala de más pecados.

Parte del ocio del siglo XXI se observa en el uso desmedido de la tecnología. Antiguamente estaba la incomodidad de encender, apagar o cambiar de canales el televisor de manera manual. El usuario debía hacer el “esfuerzo” por levantarse del sillón o de su cama para poder operar el aparato. Luego con la llegada del control remoto la vida se hizo más cómoda y ociosa; y así apareció “la manía” del Zapping para recorrer una y otra vez los canales de televisión, consumiendo de esa manera el tiempo en esos años. Ahora, lo primero que hace el ciudadano actual, incluyendo los cristianos, es despertar y “saludar” a su amado Smartphone para ver cuantos Whatsapps ha recibido, “likes” (me gusta) que tiene en su última publicación de fotos y auto exhibición o comentarios en Instagram, Facebook o donde sea. Inmersos en esa decrepita realidad, ahí vivimos todos luchando contra esto.

Un día leí en un artículo la frase: “en el tribunal de Cristo, no podrás decir: Señor no tuve tiempo” Esto fue en el marco de una dura crítica al mal uso de las redes sociales y al derroche de tiempo por parte de los cristianos del siglo XXI. En otras palabras, nadie podrá excusarse que falta tiempo para leer la biblia y meditar en su enseñanza. No olvidemos de que el ocio es la base que nos lleva a pensar y actuar de manera pecaminosa. Recuerde Ud. que David comienza su descenso que lo llevó a la locura de tomar la mujer de su prójimo, previamente experimentando el ocio:

“Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén. Y sucedió un día, al caer la tarde, que se levantó David de su lecho y se paseaba sobre el terrado de la casa real; y vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa” 2° Samuel 11: 1-2

David evidentemente no tenía internet ni Smartphone, pero era pecador igual que nosotros, y el tiempo mal gastado mediante el pecado del ocio, lo llevó a ser protagonista de una terrible tragedia en su vida y que le acompañaría el resto de su paso por este mundo.

Hoy la situación de los cristianos es muy similar. Consumimos nuestro apreciado tiempo en actos de ociosidad; vivimos acompañados de nuestro amado Smartphone mientras dormimos, comemos, trabajamos, nos trasladamos de un lugar a otro, en la iglesia, en la casa, etc. Todas las actividades están acompañadas de nuestro fiel amigo Smartphone. Largas horas de recreación viendo películas, recibiendo “memes”, viendo YouTube, Facebook, etc.; conectados por largo tiempo en WhatsApp, fomentando muchas veces el ocio, la vanidad, los chismes o la murmuración, y todo lo que afecta al crecimiento sano y a la madurez de los creyentes. Quizás es tiempo amados hermanos de hacer una profunda autocrítica al respecto y comenzar a aprovechar el tiempo porque los días son malos.

EL CHISME

La real academia española define al chisme de la siguiente manera: “Noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna”

La etimología proviene posiblemente del griego [skhizein], desde donde proviene la palabra “esquizofrenia” y que alude a la acción de generar discordia, separación o enemistad a unos con otros. Es interesante considerar que quien padece de “esquizofrenia”, se caracteriza por perder el autocontrol toda vez que no está bajo el efecto de sus medicamentos.

El chisme siempre apuntará a la vileza de sembrar ocultamente enemistad entre las personas. Por tal razón, es muy común que el chisme se mueva en individuos con mucha amargura y desdicha, quienes buscan a su vez, personas de carácter vulnerable y sin mayor madurez espiritual, para diseminar su maldad. El chismoso llega con palabras lisonjeras y de amabilidad, pero todo aquello es una verdadera careta que evidencia su propia hipocresía. De ahí que Salomón llama “bocado suave o delicioso” a las palabras del chismoso (Proverbios 18:8) Pero también, se agrega dos textos más que revelan con mucha precisión la consecuencia y la atmosfera perniciosa que crea las palabras del chismoso:

“El hombre perverso provoca contiendas, y el chismoso separa a los mejores amigos” Proverbios 16:28

“Por falta de leña se apaga el fuego, y donde no hay chismoso, se calma la contienda.…” Proverbios 26:20-22

En estos textos podemos aprender de manera clara que el chisme provoca contiendas y separa a los mejores amigos. Salomón hace una alegoría sobre los efectos del chisme, ilustrándolo como “fuego”, es decir, una vez que se frena el chisme y al chismoso, el fuego se apaga y la contienda se acaba. El que lea entienda.

Pero aún más severidad se observa en aquella dramática y solemne definición que Dios enseña en su infalible Palabra cuando dice:

“Seis cosas aborrece Jehová,  aun siete abomina su alma:  Los ojos altivos, la lengua mentirosa, Las manos derramadoras de sangre inocente,  El corazón que maquina pensamientos inicuos, Los pies presurosos para correr al mal,  El testigo falso que habla mentiras, Y el que siembra discordia entre hermanos” Proverbios 6: 16-19

Nos obstante, se habla muy poco del chisme y la murmuración en las iglesias. Siempre se hace referencia a 2 ó 3 pecados y nada más. Es como que el chisme fuera tan inofensivo, que no requiere mayor atención y advertencia en medio del pueblo de Dios. ¡Cuán equivocados estamos! El chisme es la causa de la gran mayoría de enemistades y quiebres en la comunión de los creyentes.

Pero sin embargo, quienes hemos llevamos varios años en el evangelio, hemos visto que el chisme y la murmuración que se mueven en la oscuridad y a las espaldas de los hermanos,   siempre terminan dañando silenciosamente a una iglesia local. Esto es porque las palabras del murmurador es una verdadera semilla de maldad que se planta en la mente de las personas naturales y sin discernimiento. Creo firmemente que no hay iglesia que no haya vivido los letales efectos de personas chismosas que no sirven al Señor, sino que a su propio egoísmo.

Dios severamente dice que aborrece 7 cosas, cuatro de las cuales son rápidamente reconocibles en el carácter de un Chismoso:

  1. La lengua mentirosa.
  2. El corazón que maquina pensamientos inicuos.
  3. El testigo falso que habla mentiras.
  4. Y el que siembra discordia entre hermanos.

LA MURMURACIÓN

Aunque el chisme y la murmuración parecieran ser palabras sinónimas, la verdad es que no los son. La real academia española define a la murmuración así: “Dicho de la corriente de las aguas y también del viento, de las hojas de los árboles” Hacer ruido blando y apacible. Hablar entre dientes, manifestando queja o disgusto por algo. Conversar en perjuicio de un ausente, censurando sus acciones”

Es interesante destacar que la palabra proviene de una raíz latina que habla del sonido suave de las aguas. Es decir, el sonido apacible y atractivo, es lo que seduce a los murmuradores que hablan casi “susurrando al oído”, para quejarse de todo y de todos, pero esa querella se enmascara en un sonido “dulce y atractivo”, que solo un creyente maduro y guiado por el Espíritu de Dios lo puede detectar a tiempo.

Ahora bien, la murmuración siempre conlleva la idea de “Queja o querella”. El murmurador promueve ocultamente, la crítica, la queja o disgusto constante de manera parcial o total. Esto sea de carácter objetivo o subjetivo. Es decir, el murmurador puede que este reclamando algo objetivo y verdadero, y que no necesariamente es parte de una mentira o calumnia, pero no lo hace en presencia del o los afectados, sino que a sus espaldas. Esto es lo que lo configura a un murmurador. Es necesario dejar muy en claro que siempre esta queja, sea verdadera o mentirosa, apuntará al deseo de perjudicar a alguien o algo; generar conflictos o desavenencias personales, individuales o colectivas. Eso es en resumen la murmuración.

LA MURMURACIÓN DE LOS HERMANOS DE MOISES

La biblia condena severamente la murmuración, y para ver la reacción de Dios ante los actos sediciosos de los murmuradores, observaremos atentamente un pasaje selecto de las sagradas escrituras:

“María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita. Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová” Números 12:1

Es curioso, pero vale la pena comentar preliminarmente que fueron sus propios hermanos que murmuraron en contra de Moisés. Quizás pareciera ser la tónica al considerar las insistentes rencillas entre hermanos que la biblia revela, y cuanto más, cuando el propio Señor Jesucristo dijo que los enemigos del creyente serían los de su propia casa (Mateo 10:36).

Hay quienes piensan que Aarón y Maria murmuraron contra de Moisés por causa de su esposa cusita, quien probablemente podría haber sido una mujer negra. Hay otras teorías al respecto, pero el hecho concreto que declara el texto, es que ellos juzgaban a Moisés, y murmuraban en contra de él por dos motivos: Primero, por causa de su esposa y segundo por envidia del llamado que Dios hizo a Moisés.

En la primera causa, Aarón y Maria objetaban a Moisés debido a su esposa cusita (probablemente es la misma mujer llamada Séfora, Éxodo 2:26), es decir, ella era descendiente de Cus, desde donde provienen todos los pueblos africanos (Génesis 10: 6-7). Quizás la piel negra de la esposa de Moisés era lo que ellos aborrecían; tal cual como hasta ahora se mantienen los rasgos xenófobos que algunas personas demuestran hacia extranjeros de raza negra. Eso no seria muy extraño.

En esta causa, se observa la constante actitud de muchas personas; cuyas murmuraciones, si no son dirigidas en contra de un hombre, apuntan directamente a su esposa. Muchos pastores y líderes deben soportar los mismos ataques; ellos criticaban a Moisés y a su esposa por algo de lo que ella no tenía el control, quizás era su apariencia, porque ella era una Cusita (de piel negra). De la misma forma, muchas críticas vienen a las esposas de pastores y líderes del ministerio, sobre cosas que ellos realmente no tienen el control. Si no son ellos, serán sus esposas, y si no, lo serán sus hijos. El pecado de la murmuración, siempre buscará uno que otro resquicio para satisfacer su pecaminoso impulso egoísta.

En la segunda causa, se deja ver de manera más objetiva la motivación de la murmuración de Aarón y Maria en contra de su hermano Moisés. El texto más adelante aclara lo siguiente:

“Y él [Dios] les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él.  No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa.  Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés? Números 12:6-8

Sin duda que Dios soberano había llamado a Moisés con una misión específica; cual fue, liderar a su pueblo Israel, dándole una investidura de ser el único mediador en ese momento entre Dios y su pueblo Israel. Esa estatura espiritual que Dios le dio por gracia a Moisés, provocó envidia en sus hermanos Aarón y María, tanto así que ellos mismos llegaron a decir: “¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?” Números 12:1b

Este triste episodio, sin duda que nos evoca lo que Pablo decía desde la prisión:

“Algunos, a la verdad, predican a Cristo por envidia y contienda… Los unos anuncian a Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción a mis prisiones” Filipenses 1: 15-16

Mientras Pablo estaba prisionero, se enteraba que algunos tomaban su lugar de manera ilegítima, queriendo demostrar que “pablo no hacía falta”, porque ellos lo podían hacer igual o mejor que él. Ellos “servían” al Señor por envidia y contienda. La misma motivación que llevó a pecar a Aarón y María en contra de Moisés.

La murmuración de los hermanos de Moisés, indignó a tal punto al Señor, que dice el texto que “la ira de Dios se encendió contra ellos” (Números 12:9), y  castigó severamente a María por el pecado de ambos. María se volvió leprosa y el Señor la disciplinó durante siete días fuera del campamento.

Es importante, observar dos puntos al respecto. Primero, que solo Aarón declara su arrepentimiento de su pecado. Este dice:

“¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos pecado” (Números 12:11)

Cuán importante es considerar el pecado de la murmuración como una verdadera “locura”, tal cual lo expresa Aarón. La locura es la perdida de la razón; es perder la sintonía absoluta con la intensión del Espíritu de Dios. Pablo dice que el hombre natural no puede discernir las cosas del Espíritu porque son “locura” (1 Corintios 2: 14). Ahí tenemos al propio David que también dijo lo mismo cuando pecó: “Entonces dijo David a Dios: He pecado gravemente al hacer esto; te ruego que quites la iniquidad de tu siervo, porque he hecho muy locamente” 1 Crónicas 21:8

No obstante, no observamos ninguna palabra de arrepentimiento de María como lo hizo Aarón su hermano. Recordemos que Maria o Miriam, es la misma antes había tomado el pandero, y lideró a las mujeres para alabar las proezas de Dios (Éxodo 15: 20-21). Pero ahora vemos a Maria en desobediencia, la cual se volvió leprosa y fue echada de la congregación debido a su pecado de murmuración, pero luego de siete días recién pudo regresar, tal cual como El Señor lo había mandado. Finalmente, vemos a Moisés (al varón más manso de aquel tiempo – Números 12:3) intercediendo por su hermana (Números 12:13), pero no impidiendo que ella cumpliera la inevitable y necesaria disciplina que Dios le asignó.

La biblia dice que todo lo escrito es para nuestra enseñanza (Romanos 15:4a), por lo tanto, todos los pasajes citados, nos ayudan a comprender para evitar caer en los mismos errores. Dios nos haga humildes y nos ayude a tomar el valor de este artículo que nos pone en alerta sobre uno de los males que más daños produce en medio del pueblo de Dios. El ocio, el chisme y la murmuración, son un trio letal para la comunión de los santos. Por eso es la necesidad de siempre estar ocupados en el servicio de la obra (Vea Filipenses 2:12), en perfecta comunión con El Señor y con todos los hermanos, para poder discernir cuando nuestra vida este siendo consumida por el ocio espiritual, y para detectar oportunamente todo chisme o murmuración, y evitar aquello de lo cual tengamos que lamentarnos después.

Que la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, nos ayude a ser obedientes y sumisos unos con otros, bajo las directrices de su infalible Palabra. Que así sea, Amén.

PEL 11/2018

 

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