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LA BIBLIA, LA INJUSTICIA SOCIAL, LA POLÍTICA Y LOS HIJOS DE DIOS

En más de alguna oportunidad hemos abordado el tópico acerca del sistema económico que impera hoy en el  mundo y que es parte del modelo  que va a dar la bienvenida al anti cristo.

 Este es el afamado modelo de política  neo liberal que se mueve en la locomotora llamada  globalización y que apunta a favorecer la macroeconomía, a los grandes inversionistas y las entidades multinacionales. Con este modelo, se despreocupa la microeconomía, la equidad en la distribución  de las riquezas y  la calidad de vida de los trabajadores.

Este breve y escueto análisis, que a priori podría ser catalogado como una propaganda comunista o algo así, no es parte de un color político, sino que es la realidad del mundo actual que corre tras un “nuevo orden mundial” cuyo gobernante final será el dictador que la Biblia lo describe como la bestia.

“Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre” Apocalipsis 13:16-17

LA BIBLIA, LOS POBRES, LOS RICOS Y LOS HIJOS DE DIOS

Hoy, la globalización abarata un par de zapatos, pero encarece cada día más el pan, el aceite o  el azúcar. Todo sube y los sueldos se mantienen intactos. Los gobernantes parecen estar ausentes frente al reclamo del trabajador, la vida se hace cada día mas cara, mientras que los gobernantes pregonan que la economía  esta mas sana y mas fuerte que nunca. El precio del cobre se duplica y nadie lo   percibe en sus ingresos. Quien no tiene recursos, se muere en una asistencia pública, se limita a una paupérrima  educación o se asola en diminutas viviendas, que mas que casas, son verdaderos guetos.

 Los empresarios no tienen voluntad en mejorar la calidad de vida de sus trabajadores. Los horarios, las exigencias y  las leyes han sido diseñadas y  están destinadas para favorecer a los ricos de este mundo y por consecuencia, para desfavorecer a los pobres. En otras palabras, los ricos son cada vez mas ricos, y los pobres siguen en la cadena de su indigencia. Pero ¿Qué dice la Biblia acerca de esta situación tortuosa? ¿La iglesia tiene algo que decir al respecto?

 La Biblia habla con mucha claridad de la actitud opresora y abusadora de los poderosos de este mundo.

El apóstol Santiago escribe un pasaje, que a mi juicio, es una bofetada cruda y solemne para aquellos que tienen puesta su confianza en las riquezas de este siglo y que abusan de su condición:

“¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán.  Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla.  Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia.” Santiago 5: 1-6

El  texto de Santiago es suficientemente decidor y no resiste otra interpretación. La cruda reprensión y advertencia   que Dios les hace a los ricos de este siglo, cuyo implícito apelativo asignado es el de lobos rapaces, es por decir lo menos sorprendente. 

Lo maravilloso del texto es cuando se revela que el clamor del trabajador sube a los oídos del Señor. Muchos de los hijos de Dios somos empleados de alguna empresa, y constantemente tenemos que presenciar situaciones reñidas con la justicia y con la equidad. El escenario es hostil y a veces se torna desesperante.  Frente a esto, aparece el hermoso texto de Santiago que nos llena de paz y nos impulsa a depositar nuestra esperanza en las promesas de Dios por sobre las mentirosas promesas de los hombres. El complemento y sello de la bendita esperanza revelada en el texto analizado,  esta en el verso siguiente cuando dice:

“Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor” Santiago 5:7

El llamado del Señor para con  sus hijos es a tener paciencia aguardando la bienaventurada venida del Salvador, quien dará por concluido nuestro peregrinaje y  desarmará este triste y lóbrego escenario de injusticia social y  de explotación. Note que el llamado no es a lidiar o a revolucionar las clases sociales como lo plantea el comunismo o la teología de la liberación,  porque bien sabemos que quien pondrá orden y justicia es el Señor Jesucristo cuando regrese a la tierra. ¿Podemos los creyentes esperar en las promesas de los hombrecitos que se esmeran por mejorar al planeta, o de los gobernantes que pretendiendo arreglar la calidad de vida de la gente solamente la empeoran? ¿Podemos esperar justicia en este mundo? La Biblia lo responde con absoluta claridad. No debemos esperar en las promesas de los hombrecitos, antes bien debemos esperar en las promesas de Dios:

“Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia” 2 Pedro 3:13

Dios, entre todas sus virtudes, es justo y su actuar esta lleno de justicia, y será esta la característica de la nueva creación cuyo Rey de reyes,  será el Señor Jesucristo. Ciertamente que estamos en medio de una generación llena de injusticias, pero nuestra esperanza debe estar puesta mas allá del sol.

EN NOMBRE DE LOS POBRES

Si tuviéramos que describir a un político, sea del color que sea, creo que coincidiríamos en calificarlo como un demagogo, charlatán o alguien que vive  prometiendo  cosas que él mismo sabe que no puede ni quiere cumplir.

En la Biblia aparece un leve discurso del político contemporáneo; aquel que en nombre de los pobres, oculta sus mas bajos instintos de rapiña. Me refiero a Judas cuando acusa de derroche el haber derramado el perfume de nardo puro en la persona de nuestro Señor Jesucristo, argumentando que con esos 300 denarios se podría haber ayudado a los pobres:

“¿Por qué no fue este perfume vendido por trescientos denarios, y dado a los pobres?” Juan 12:5

Lo interesante es que la Biblia aclara que Judas no dijo eso porque estaba preocupado de los pobres, sino  porque era ladrón:

“Pero dijo esto, no porque se cuidara de los pobres, sino porque era ladrón, y teniendo la bolsa, sustraía de lo que se echaba en ella” Juan 12:6

Así también, al igual que el traidor Judas, los poderosos de este siglo embetunan sus discursos y adornan su cínica oratoria con palabras como  las de Judas, pero el espíritu de las mismas, esta lleno de conveniencia y de avaricia.

 Por cierto, y es menester enfatizar esto: que Jesús no vino a predicar un evangelio social como lo reclama el comunismo y como lo presenta la teología de la liberación;  veamos como se complementa la enseñanza del pasaje tratado:

 “Porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros…” Juan 12:8

 Cristo no vino a entrenar guerrilleros, a capacitar teólogos de liberación o a formar lucha de clases. Su evangelio trasciende de lo meramente secular y se proyecta hacia la eternidad futura.  Cristo aborda la riqueza y pobreza espiritual por sobre la material y la voz del evangelio aborda el asunto de nuestro pecado y de la salvación de nuestra alma.

La palabra categórica del Salvador fue: “…a los pobres siempre los tendréis con vosotros…” que vino a ser como una suprema mordaza para frenar la compulsiva lengua del traidor que de labios hablaba en pro de los pobres, pero su corazón estaba lleno de codicia.

 Como vemos, en nombre de los pobres se han elevado los mas conmovedores discursos y se han derramado las mas gélidas lagrimas, pero la pobreza solo culminará cuando Cristo vuelva para reinar mil años, y no antes.

Nuestra posición como cristianos no debe ser como los antiguos zelotes que por vía de la fuerza, del caos y de la violencia querían cambiar el sistema.

Nuestra energía ha de ser puesta en la gran comisión de predicar el evangelio y todo el consejo de Dios, esperando con ansias el regreso de nuestro amado Salvador y Señor Jesucristo.

 LA BIBLIA, EL CREYENTE Y LA POLÍTICA

 Existen varias posturas acerca de si un creyente puede o no participar en política. Se elevan algunos argumentos, utilizando el caso de José o de Daniel para afirmar que un creyente puede llegar ser parte de una facción política y desde ahí influir con la voz del evangelio.

 Hemos visto varios casos de personas que se dicen creyentes y que militan en partidos políticos, que han postulado a cargos edilicios y parlamentarios y algunos osados, hasta han corrido la carrera tras el sillón presidencial.

 Es necesario comentar lo siguiente. Toda la escritura es útil y es para nuestra enseñanza. No obstante, no todas las cosas son una regla o una medida estándar para aplicarla como modelo a nuestra vida. Por ejemplo, la circuncisión, las fiestas solemnes, la leyes de purificación o  la poligamia de algunos reyes, de ninguna forma  son el molde que un hijo de Dios debe seguir. El trato de Dios con  cada uno  de sus hijos  no es idéntico ni se sujeta a un estándar.

A esto, se debe agregar el análisis de la dispensación en la cual se desarrolla tal o cual pasaje de las escrituras. Como dijo un connotado predicador: “Reconoced los períodos y las escrituras armonizarán por sí solas.”

 Proponer que porque José llegó a ser uno de los principales en el gobierno de Egipto, nosotros los hijos de Dios debemos correr carreras parlamentarias y relacionarnos con la política, es torcer las escrituras. Decir que porque Daniel escaló en el gobierno durante la deportación a Babilonia, los cristianos debemos aspirar  a cargos municipales o parlamentarios, también es torcer las escrituras.

 Creo oportuno  elevar la Palabra de Dios frente a este tópico, y más aún cuando se levantan tantos argumentos y llamativos pendones de apreciaciones subjetivas y lejos de la voluntad de Dios.

 En primer lugar, veamos que ejemplo nos deja nuestro Señor Jesucristo con su testimonio y sus palabras.

 Y les dijo: Id, y decid a aquella zorra : He aquí, echo fuera demonios y hago curaciones hoy y mañana, y al tercer día termino mi obra” Lucas 13:32

 Los fariseos, acostumbrados a coquetear con las autoridades y de aprovechar coyunturas políticas, le dicen a Jesús que huyera porque Herodes le quería matar,  no obstante, la respuesta del Señor fue una verdadera bofetada a los religiosos  y un solemne insulto al político de turno. Me parecería muy extraño oír algún sermón con palabras tan fuertes y categóricas como las de nuestro Señor Jesucristo, y sobre todo en este tiempo de tanta dulzura y medias tintas de los predicadores.

 Cristo nunca busco el beneplácito de las autoridades. Además, los mismos religiosos confirmaban que el estatus, conocimiento y alta  estirpe de los gobernantes y del clero, jamás podrían creer en las enseñanzas de Jesús.

   ¿Acaso ha creído en él alguno de los gobernantes, o de los fariseos?Mas esta gente que no sabe la ley, maldita es”  Juan 7:48

 Para ellos, los  que seguían y creían en Jesús, eran gente vulgar,  sin conocimiento y la consideraban maldita. Ellos no estimaban las palabras de Jesús y ni siquiera las analizaban según el mismo Nicodemo les enrostra.

 Por otra parte, la Biblia nos enseña que nosotros, los hijos de Dios somos embajadores. A veces olvidamos que somos embajadores de Cristo en este mundo, y bien sabemos que un embajador no puede inmiscuirse en la política contingente del país en que está, por más que desee aquello. Si un embajador delibera como extranjero en términos políticos, es expulsado y considerado persona “Non grata”

 Nuestra postura frente a Dios debe ser tanto o más rigurosa que la que plantea el protocolo internacional. Somos proclamados embajadores de Dios cuya patria es la          celestial, la por venir y no es el  mundo (2 Corintios 5:20)

 Que falta nos hace reivindicar la condición de peregrino dentro del pueblo de Dios y de sentir la convicción de que nuestra verdadera patria es la celestial.

 “Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo” Filipenses 3:20

 Amados, aún queda camino por recorrer y esperemos que sea pronto la venida de nuestro Señor y Salvador. Es cierto que estamos en un mundo hostil, lleno de peligros, de aflicción y de tentaciones, pero no es menos cierto que Cristo viene pronto a levantarnos de este mundo de maldad para ponernos en los lugares celestiales. Que así sea. Amén. ¡Maranata!

 PEL 2007

 

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