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LA GLORIA DE SU GRACIA Y LA GLORIA DE SU JUSTICIA

¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, Romanos 9:21-23

El asunto de la soberanía de Dios es uno de los temas que más polémica levanta entre los santos. De hecho, es lo que evidencia la enorme e irreconciliable diferencia entre el arminianismo y el calvinismo. Mientras uno propone la soberanía de Dios plenamente, el otro insiste en que el hombre sí tiene autonomía y libertad para hacer efectivo o no, los planes de Dios. El uno dice que el hombre natural está completamente inhabilitado moral, espiritual e intelectualmente, pero el otro dice que no es así.
No obstante, a esta discusión de siglos, estéril y eterna, podemos decir que el texto que encabeza este estudio habla por sí solo; y esto no lo escribió ni Calvino ni Arminio, sino que el apóstol Pablo inspirado por el Espíritu de Dios.

Así como escribió Jeremías, una de las tantas maneras de describir la soberanía de Dios para de algún modo tratar de comprenderla en nuestra mente limitada, es la que alude a la tarea del alfarero (Jeremías 18:1-10). Pablo argumenta utilizando precisamente lo que cientos de años antes había dicho Jeremías. El Alfarero es soberano para hacer lo que quiera con su barro. Con la misma masa puede hacer un vaso de honra para la gloria de su gracia, y también un vaso de deshonra para la gloria de su justicia, de manera que en ambos resultados, Él siempre será glorificado.

Partamos del principio. ¿Quién de los hombres se agrada escuchando que fueron hechos por Dios de algo tan básico como el polvo de la tierra? El hombre no acepta la creación de Dios, por lo tanto, la ha pretendido reemplazar por la teoría de la evolución de las especias. Según esta teoría, las especies provienen de la gran explosión inicial denominada “big Bang”, en donde millonésimas de partículas estelares, y en medio de una entropía absoluta; casualmente y solo por “coincidencia”, se produjo el primer ser vivo. Es decir, saltando trillonésimas de posibilidades de combinaciones, la vida según la evolución de las especies, proviene de una mera coincidencia. Aquí sí que se necesita “fe” para creer esta absurda idea.
Para los creyentes, la biblia habla de la creación y aquello no es una mera teoría, sino que estamos persuadidos de que es la verdad absoluta. Dios crea al hombre según su soberana voluntad, y lo hace de lo más básico de su creación: el polvo.

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” Génesis 2:7

El pecado nos lleva a rechazar la verdad que revela nuestro origen. El hombre sin Dios se cree “estrella”, y es por eso que su propia idea de creación incluye la materia estelar como parte de su composición orgánica. La humanidad que aborrece a Dios, resiste su soberanía, y no acepta la idea de un Alfarero que toma polvo de la tierra y agua, para hacer con esa masa lo que Él quiera.

El Alfarero ha de mostrar su gloria al término de su tarea. No es el material el que tiene valor, sino que la obra del artífice. Muy cerca de Santiago de Chile, existe una localidad que se llama “Pomaire”, cuya actividad característica es justamente la artesanía en greda, materia prima que abunda en sus suelos. Allí podemos apreciar muchos alfareros que trabajan con su rueda, moldeando el barro según su voluntad. Al término del trabajo, el alfarero presenta su obra a sí mismo para su propia gloria, y luego lo exhibe para venderlo. El valor que alguien paga por ese trabajo, no es el material, sino que la obra del artista. Dios creó al hombre para su gloria, y así será al término de todas las cosas; el alfarero recibe la gloria por su obra que él soberanamente ha hecho.

La biblia enseña que hay vasos de ira preparados para destrucción y vasos de misericordia preparados por Dios para hacer notoria las riquezas de su gloria. Es importante resaltar que el texto dice que a los vasos de misericordia “Dios los preparó de antemano”. Él se encargó de apartar y preparar vasos de la misma masa para salvarlos según el puro afecto de su voluntad (Ef. 1:5), mientras que los otros vasos de ira, seguirán su curso camino a la destrucción o condenación final, senda que en otro tiempo también transitamos igual que los demás.

“…y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” Efesios 2: 3b

Esta es otra de las enseñanzas que presentan indiscutiblemente aquellos dos grupos en donde está enmarcada toda la humanidad; se quiera o no reconocer o creer. Los creyentes y los incrédulos, los justos y los injustos, los piadosos y los impíos, los salvos y los condenados. Todos pertenecemos a uno de estos dos grupos; nadie queda exento de esta realidad. Acá no consiste en que si alguien cree o no lo que estamos diciendo, sino que el tema redunda en la verdad profunda de las escrituras, que advierte que todos los hombres ya pertenecen a estas dos esferas; o son vasos de ira para destrucción, o vasos de misericordia para manifestar la gloria de la gracia de Dios.

Lo interesante del análisis es que la biblia dice “de la misma masa”, hizo vasos para honra y otros para deshonra. En otras palabras, de la misma esfera de la miseria humana, Dios toma algunos para prepararlos para salvación. Aquellos son los vasos de barro de misericordia que de antemano fueron preparados por Dios para mostrar la profundidad de la riqueza de la gloria de su gracia.

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo…según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia,… en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” Efesios 1: 3-7

Todas las cosas están bajo el control soberano de Dios y nada pasa por alto su aprobación y sus propósitos eternos. Dios es glorioso, y todo lo que haga lo será en esa esfera. Todo proviene de Él, se hace por Él, y se hace para Él. Tal cual como lo dice Romanos 11:36. El plan de Salvación además de todos los componentes excelsos que la revelan, incluye estas dos columnas que hablan de la gloria de su gracia para aquellos que serán salvos, y de la gloria de su justicia para los que serán condenados. En una u otra esfera, Dios siempre será glorificado. Así como Él levantó a faraón y endureció su corazón para mostrar su poder de manera gloriosa (Romanos 9:17), y permitió la muerte de Lázaro para la gloria de su poder (Juan 11:4), y salva a los peores para la gloria de su gracia (1 Corintios 1: 26-29), así también manifestará su ira santa para la gloria de su justicia (Apocalipsis 14: 7a)

La gloria de su gracia

La gracia de Dios es gloriosa. Esto no lo podemos entender a menos que estudiemos profundamente la pecaminosidad del hombre y su destitución de la gloria de Dios (Romanos 3:23). Es un tema no menor, sobre todo considerando que la religión ha mantenido en su historia, aquella idea de que el hombre no es totalmente malvado, y que intrínsecamente sí tiene un suficiente potencial de sensibilidad a las cosas espirituales. En otras palabras, mientras Dios dice que el hombre natural “no puede” entender, los hombrecitos insisten que sí pueden. Ahora bien, si fuera así como las religiones dicen, incluyendo la mayoría de los evangélicos, consecuentemente deberíamos también agregar y aceptar que la gracia de Dios no es gloriosa, dado que el hombre sí tuvo méritos para entrar en esta esfera de salvación, es decir, la obra de su propia decisión. Finalmente, tendríamos con esta postura, hombres salvos que fueron “sensibles” a la voz del evangelio. En consecuencia, la gracia de Dios no es gloriosa porque la salvación se hace efectiva si y solo si el hombre decide aceptarla.

Pero esto no lo enseña la sagrada escritura. Para comprender la gloria de la gracia de Dios, no podemos pasar por alto el asunto de la completa incompetencia del hombre. Es que parece que ignoramos voluntariamente que el hombre natural desde el vientre de su madre ya está muerto en delitos y pecados (Salmos 51: 5, Efesios 2:1), y que todo designio de sus pensamientos es solamente el mal (Génesis 6: 5), y que el corazón del hombre es perverso y engañoso (Jeremías 17: 9), y que aún la obra más sublime del hombre es abominación delante de Dios (Lucas 16: 15), y que su mente, su espíritu y su voluntad están completamente inhabilitados (Romanos 3:10-12). Mientras no aceptemos aquello como base doctrinal, no podremos comprender la gloria de la gracia de Dios.

Dios no gratifica a aquel que se declara religioso, buena persona, sensible a las cosas del espíritu y que supuestamente le acepta (como lo dice la predicación actual), sino que a sus enemigos; aquellos que le ignoran y que le aborrecen. Eso éramos y hacíamos antes de que Él nos llamara a sus caminos. Dios condena al mejor, pero salva al peor; Ecuación que no podemos entender ni aceptar, a menos que meditemos profundamente sobre el significado de la gracia gloriosa.
La gracia no es solamente un favor no merecido de parte de Dios, sino que un favor desmerecido. En otras palabras, no solo, no merecíamos un favor de Dios, sino que por causa del pecado nos hicimos indignos de merecerlo. No éramos solo incrédulos, sino que enemigos de Dios y aborrecíamos todo lo que provenía de él.

Cuando leemos detenidamente el libro de Oseas en donde se resalta la constante infidelidad de Israel, tanto así que se habla de una adúltera como modelo comparativo, descubrimos que Dios gratifica incondicionalmente a su pueblo que no merece nada, salvo el infierno. Sus constantes apostasías, alabando dioses ajenos, cultos abominables y aquellas aristas de una voluntad pervertida, hablan de un pueblo totalmente muerto e inhabilitado por causa de su propio pecado, no obstante, la gloriosa gracia de Dios provee los elementos necesarios para salvar a su pueblo a pesar de su rebeldía.

“Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos” Oseas 14:4

Este texto habla de la gloria de la gracia de Dios. El supremo alfarero hace vasos de honra a pesar de que toma de la misma masa amorfa y sin valor. Es la potencia de su gracia que salva al más vil de los pecadores para mostrar las riquezas de su gloria.

Esto lo ratifica nuestro Señor Jesucristo cuando declaraba:

“Jesús les dijo: De cierto os digo, que los publicanos y las rameras van delante de vosotros al reino de Dios” Mateo 21:31b

Tanto los publicanos como las rameras eran considerados por los judíos religiosos como una verdadera lacra social. Eran aborrecidos por aquellos que se recreaban en sus propias justicias presumiendo ante los demás una actitud intachable e irreprensible. Ellos aborrecían al pecador sin aceptar que el pecado moraba en ellos mismos.

“Cuando los fariseos vieron esto, dijeron a los discípulos: ¿Por qué come su Maestro con los publicanos y pecadores?” Mateo 9: 11

Para los religiosos de todos los tiempos, no hay cabida en su limitada mente, el concepto de la gracia de Dios que escoge lo vil y lo despreciado de este mundo para restaurarlo y transformarlo conforme a la imagen del Señor Jesucristo. Por el contrario, toda religión apela a una supuesta bondad intrínseca que el hombre tiene y que es la base de su propio método de salvación. Obviamente, esta idea no se sustenta en las sagradas escrituras.
Como hemos leído en los textos anteriores, Jesús resalta de manera especial a lo más vil de la sociedad de aquel entonces, es decir, los publicanos y las rameras, diciendo que estos van entrando al reino de Dios en lugar de aquellos que confían en sus propias justicias. Como lo vemos en el segundo texto, los fariseos no podían aceptar que Jesús comiera con publicanos y pecadores. Era tan alto que el concepto de sí que ellos tenían, que no podían comprender que un maestro como Jesús pudiera compartir con gente pecadora. Esto revela la absoluta ausencia de la comprensión respecto a la gloria de la gracia de Dios. Ante este cuadro, el Señor Jesús les dice:

“Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido para llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” Mateo 9:12-13

Aunque los religiosos rechinen sus dientes ante esta colosal declaración, la biblia enseña abundantemente que Dios salva lo peor y todo, por su gracia. Así fue la experiencia de Rahab la ramera.
¿A quién de nosotros se le hubiese ocurrido incluir a una ramera como ejemplo de fe y de obediencia al Señor en algún escrito sagrado? Por cierto que a nadie. Este es uno de los tantos argumentos que derriba la soberbia idea de que la biblia solo fue inspirada y escrita por hombres. Dios utiliza personas fracasadas, marginadas e incompetentes para demostrar la gloria de su gracia. Sobre este bendito patrón, Dios salvó a Rahab la ramera del juicio que cayó en Jericó (Josué 6:17 Hebreos 11:31), perdonó a un estafador como Zaqueo (Lucas 19: 1-9), llamó a su ministerio a Leví el publicano (Marcos 2:14), Perdonó a una adultera (Juan 8: 11), y escogió a un perseguidor de la iglesia llamado Saulo de Tarso (Hechos 9: 1-16). Estos, entre tantos otros ejemplos, manifiestan la gloria de su gracia que sobrepasa toda lógica y entendimiento humano, como el mismo apóstol Pablo lo dijera:

“Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén” Romanos 11: 33-26

La gloria de su justicia

La justicia de Dios es gloriosa. La frecuente discusión entre creyentes radica muchas veces en el asunto de la justicia de Dios. Temas como la elección soberana, el castigo de Dios por causa del pecado, su ira santa, su santidad, su llamado irresistible o su decreto autoritativo, etc. muchas veces son un verdadero caldo de cultivo para desavenencias entre hermanos. No obstante, debemos considerar que estas discusiones se producen única y exclusivamente por la ignorancia y descuido de la teología sistemática que las santas escrituras revelan, y que además hermanos serios y responsables que nos han precedido nos han enseñado. Muchas veces escucho a hermanos que dicen: “¿Cómo es posible creer que Dios endurecía el corazón de faraón? o ¿Cómo es que Dios escoge a unos para salvación y a otros los deja en su propio camino para condenación? La verdad que preguntas como estas son frecuentes, pero la respuesta para ambas preguntas, sí tiene respuestas categóricas en las escrituras; el problema es que nosotros no queremos aceptarlas porque no encajan en nuestra lógica humana.
Dios sí enseña que él endurecía el corazón a faraón en el tiempo de Moisés (Éxodo 4:21) y que él, de quien quiere tiene misericordia y al que quiere endurecer lo endurece (Romanos 9: 18) ¿Qué podemos decir después de estas declaraciones? Hay dos opciones: o las aceptamos sumisamente, o las torcemos deliberadamente dándole una interpretación que sea asimilada por nuestra lógica humana.
Pablo en su argumentación dirigida por el Espíritu de Dios, presenta las obvias preguntas que parten del natural rechazo ante una doctrina tan absolutista como esta:

“¿Qué, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios? En ninguna manera”
Romanos 9: 14

El concepto de justicia del hombre choca frontalmente con el concepto de justicia de Dios, es decir, lo que es justo para Dios es injusticia para nosotros y viceversa.
Mientras que nuestra justicia descansa en los méritos humanos, la justicia de Dios se manifiesta en su soberanía absoluta. Una es de libre elección y la otra es imputada. La justicia del hombre es por obras, pero la justicia de Dios es por la fe.
El asunto de la justicia de Dios comienza a manifestarse en el plano temporal desde el génesis cuando Dios todopoderoso decide salvar al hombre pecador, y merecedor de la muerte física, espiritual y eterna, mediante la imputación de su justicia sobre la base de un sustituto inocente, figura de la persona sin igual de nuestro Señor Jesucristo.

“Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió”
Génesis 3: 21

Este pasaje revela el primer acto de sacrificio de un sustituto inocente en favor del culpable. La justicia de Dios como muestra de su carácter santo, es algo que nos cuesta entender y aceptar. El propio Juan el bautista no entendía porque Jesús venía a él para ser bautizado, y solo lo comprendió cuando el propio Cristo le habló y le enseñó acerca de la justicia de Dios.

“Mas Juan se le oponía, diciendo: Yo necesito ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?
Pero Jesús le respondió: Deja ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces le dejó” Mateo 3: 14-15

La justicia de Dios es la que demanda la muerte del pecador, “porque la paga del pecado es muerte” (Romanos 6:23a) y la única manera de satisfacer la justicia divina es mediante la muerte. Por tal razón, la gloria de la justicia de Dios se manifiesta nítidamente en que el pecador deberá morir irremisiblemente.
El asunto es que todos somos pecadores y todos merecemos la condenación eterna, pero bien sabemos que algunos son sacados de esta esfera para la gloria de su gracia como lo vimos anteriormente, y los que quedan en su propio camino, lo serán para la gloria de su justicia.
No encuentro ejemplo más ilustrativo y pedagógico para entender estos conceptos tan elevados que nuestra mente no asimila, que aquel de la feria libre. Allí se venden verduras y frutas en buen estado, y todo lo que está descompuesto se queda en el suelo para su destino final: la basura. Los tomates y las manzanas dañadas y podridas son barridos como desperdicios una vez que la feria libre se ha retirado.

En ese escenario, si un individuo por decisión propia va a recoger parte de aquello que está destinado al vertedero, y elige según su parecer las peores manzanas y los peores tomates para sus propósitos, ¿Quién podría acusarlo de injusto al dejar el resto en el suelo cuyo fin es la basura? ¿Puede el tomate o la manzana descompuesta y agusanada, altercar con aquel que no la quiso recoger? Sería absurdo; la fruta o la verdura que se quedó en el suelo no llegará al vertedero porque no fue escogida o recogida por aquel individuo, sino porque estaba destinada allí. La pregunta más obvia luego de analizar este ejemplo es: ¿por qué y para qué aquel individuo recogió en medio de los desperdicios a las peores manzanas y tomates?

Este ejemplo en una limitada dimensión humana, nos permite meditar en la insondable lógica de Dios. Él escoge en medio de todos los pecadores destinados al infierno y la condenación eterna. Dios escoge lo peor, no lo mejor (1 Corintios 1: 26-29), salva por gracia y no por méritos (Efesios 2: 8-9) y rescata por misericordia y no por obras de justicia (Tito 3:5). De manera que así como Dios manifiesta la gloria de su gracia salvando lo peor, también manifestará la gloria de su justicia condenando lo mejor. Por lo tanto, los que sean condenados, NO lo serán porque no fueron escogidos, sino porque son pecadores. La biblia enseña que el hombre que no es salvo ahora, ya ha sido condenado; no es un asunto futuro, sino que presente.

“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios” Juan 3: 18

En este tema de la gloria de la justicia de Dios, queda en evidencia que toda obra excelsa o justicias propias que los hombres desean presentar como méritos para alcanzar la salvación, nos son otra cosa que un cúmulo de argumentos y actitudes abominables delante del Dios santo, y que por ellas, los hombres serán condenados. Una de las cosas más abominables que las escrituras condenan, es todo aquello que pretenda sustituir la obra de Cristo como único medio para satisfacer las demandas de la justicia de Dios.

“…porque lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación” Lucas 16: 15b

“Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia” Isaías 64:6

“Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte” Proverbios 14:12

Como vemos, por más que el hombre se esmere en elaborar y llevar a cabo obras para pretender ganarse el favor de Dios, la gloria de su justicia las aplastará y por consecuencia les condenará. No hay nada que el hombre pueda ofrecer a Dios y que sea meritorio para enternecer su corazón a fin de que él decida salvarles. La justicia de Dios solo se satisface en los méritos de Cristo Jesús. Tanto es la severidad con la que se presenta la colosal justicia de Dios, que la biblia advierte que cualquiera que pretenda ser justificado por obras, se constituye deudor.

“Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda”
Romanos 4:4

La existencia de un infierno, un lugar de tormento o un lago de fuego y azufre donde la llama nunca se apaga, es el fiel reflejo de lo que significa los resultados de la justicia de Dios. Así como Dios es eterno y su justicia es eterna, la condenación también lo será. La descripción de una llama que nunca se apaga y de un gusano que nunca muere, revela esta realidad terrible para aquellos que serán condenados para la gloria de la justicia de Dios. A la verdad, es muy difícil escribir este párrafo, porque mi limitada mente y mis limitados conceptos de justicia, me hacen ver con real crueldad esta sentencia; pero no es lo que pensamos y lo que se ajusta a nuestros principios de justicia lo que debemos predicar, sino que la justicia de Dios la cual es gloriosa. Esto me hace recordar la frase que los israelitas debían mencionar una vez que se llevaba la cruda sentencia que Dios le imponía al pecador que infringía su ley: “

Por ejemplo, cuando vemos las demandas de Dios a Josué que tenía la tarea de conquistar la tierra prometida y debía llevar a cabo obedientemente lo que se le ordenaba, nos es difícil entender todo aquello, a menos que lo veamos a partir del prisma de la justicia de Dios.

“Y Josué hizo con ellos como Jehová le había mandado: desjarretó sus caballos, y sus carros quemó a fuego… y mató a espada a su rey…Y mataron a espada todo cuanto en ella tenía vida, destruyéndolo por completo, sin quedar nada que respirase…tomó Josué todas las ciudades de aquellos reyes, y a todos los reyes de ellas, y los hirió a filo de espada, y los destruyó, como Moisés siervo de Jehová lo había mandado…a todos los hombres hirieron a filo de espada hasta destruirlos, sin dejar alguno con vida. De la manera que Jehová lo había mandado a Moisés su siervo, así Moisés lo mandó a Josué; y así Josué lo hizo, sin quitar palabra de todo lo que Jehová había mandado a Moisés.

Tomó, pues, Josué…a todos sus reyes, y los hirió y mató… Porque esto vino de Jehová, que endurecía el corazón de ellos para que resistiesen con guerra a Israel, para destruirlos, y que no les fuese hecha misericordia, sino que fuesen desarraigados, como Jehová lo había mandado a Moisés” Josué 11: 9-20

Ninguno de nosotros puede decir que este pasaje es fácil de compartir con alguien, y en especial incrédulo. Si el asunto de la justicia de Dios desata polémica y hasta disputas entre creyentes, cuanto más entre los incrédulos.
La única manera de presentarlo fielmente y con vehemencia, es aceptando sumisamente la doctrina bíblica de la gloria de la justicia de Dios. Todo este relato habla de aquello. Josué debía invadir, avasallar, matar y destruir a todos aquellos que Dios le ordenaba que lo hiciese; de manera que no quedara nadie vivo. Hombres, mujeres y niños eran heridos de muerte a filo de espada por Josué y su ejército, y todo, para resaltar la colosal gloria de la justicia de Dios.

De todo este relato estremecedor, quiero particularmente resaltar el imperativo que las escrituras señalan al decir: “…como había mandado Moisés…como Jehová lo había mandado…” El imperativo de Dios de matar a los que él había determinado hacerlo, tiene un propósito que no radica dentro de los parámetros humanos, ya que el patrón de Dios siempre ha sido mostrar su poder de manera gloriosa. Por esa razón, es que el pasaje agrega: “…Porque esto vino de Jehová, que endurecía el corazón de ellos para que resistiesen con guerra a Israel, para destruirlos, y que no les fuese hecha misericordia, sino que fuesen desarraigados” Josué 11: 9-20.
¿Qué pues diremos de este pasaje? ¿Lo mutilaremos o le daremos una interpretación que se acomode a nuestra mente? La enseñanza es solo una; la condenación de los pecadores es estremecedora y se muestra en abundancia en las escrituras para revelarnos fielmente el carácter santo de Dios y la gloria de su Justicia. Nada ocurre al azar porque todo está de antemano predeterminado que suceda.

“Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera” Hechos 4: 27-28

El Alfarero se dirige a su rueda y pone sus manos en su masa de barro para comenzar a moldearla según su propia idea y para sus propósitos determinados anticipadamente.
Así, los planes de Dios no son circunstanciales ni sujetos al tiempo y al espacio, sino que provienen desde la eternidad y se proyectan hacia la eternidad. Todo lo que Dios ha planeado se llevará a cabo según su mano y su consejo ha determinado de antemano. El plan de la salvación manifiesta esta realidad de manera categórica porque Dios mostrará al fin de los tiempos su gloria. La gloria de su gracia para aquellos que serán salvos y la gloria de su justicia para aquellos que serán condenados.

Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo nos  de  humildad y sumisión a su Palabra para aceptar y gozarnos en este extraordinario tema. Que así sea. Amén.

PEL 5/2015

3 Comentarios a LA GLORIA DE SU GRACIA Y LA GLORIA DE SU JUSTICIA

  1. avatar Fernando Gaviria dice:

    Me parece que el artículo anterior y otros relacionados con la elección para salvación se enfocan en los versículos que dan a entender que Dios elige a los que han de ser salvos y que la voluntad del hombre no tiene ninguna cabida en esa elección.

    ¿Cómo explicar los siguientes versículos por lo que dicen en sí mismos?

    1. 1 Timoteo 2: 4
    2. Juan 5: 40
    3. Juan 3: 16
    4. Juan 1: 12
    5. 1 Juan 2: 2
    6. Hechos 16: 30 – 31
    7. 2 Pedro 3: 9
    8. JUan 3: 36

    Gracias por su atención

  2. avatar Pablo dice:

    Estimado Fernando.

    Muchas gracias por visitar nuestro sitio y dejar sus comentarios.
    A continuacion paso a responder de manera sintetizada, explicando en cada versiculo su significado.
    En primer lugar, debemos aceptar que las escrituras nos enseñan que el hombre en sentido natural esta muerto en delitos y pecados (Ef. 2:1-5), que su intelecto, voluntad y espiritu estan inhabilitados (Rom.3:10-12), que el hombre no puede venir a Cristo a menos que el Padre no le traiga (Juan 6:44)y que la unica manera de entrar al reino de Dios (ser salvo) es naciendo de nuevo, obra realizada por Dios (Juan 1:12-13). Por consiguiente,entendemos que el hombre no puede hacer nada inicialmente, y es Dios que le da vida, le da la fe, lo hace nacer de nuevo, le otorga el arrepentimiento, le justifica y le glorificará para vivir eternamente.

    A continuacion paso a explicarle escuetamente cada versículo, y si aun no queda claro, le agradeceré enviar un mail a soloporgraciachile@gmail.com para extender la explicacion que sea necesaria.

    1. 1 Timoteo 2: 4
    El texto parte del versículo 1 donde habla de que se hagan rogativas por todos los hombres sin excepción ni acepción. Es decir, el evangelio es un llamado general a toda criatura (todos los hombres) como el propio Cristo lo mandó en Marcos 16:15. No obstante, la biblia enseña que hay un llamado especial para salvación de sus escogidos (ver Hechos 13:48, Rom.8: 28, 2 Tim. 2:10) Solo ellos oirán y obedecerán a la voz del evangelio (Juan 10:27-28, Mateo 13:43, Rom.10:16, 1 Ped. 1:2)

    2. Juan 5: 40
    Este texto precisamente habla de voluntad corrupta del hombre. El hombre no quiere ni puede venir a Dios para obtener salvación, a menos que Dios le traiga (Juan. 6:44) revisar Romanos 8:7 (ver estudio publicado en web solo por gracia “No Puedo Señor”.

    3. Juan 3: 16
    Este versículo nos lleva a preguntar ¿Quiénes creerán en el unigénito Hijo de Dios? Isaías 53:1 dice: ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? Pablo dice en Rom. 10:16 lo mismo. Solo los escogidos creerán en el Unigénito Hijo de Dios. Revisar Juan 10:27-28, hechos 11:18, 13:48, 15:7, 16:14, 22:14

    4. Juan 1: 12
    Se debe complementar con Juan 1:13 “los cuales no son engendrados por voluntad humana….”

    5. 1 Juan 2: 2
    Si decimos que la propiciación es para todo el mundo, tendríamos necesariamente que decir que la salvación es universal y no personal, y entraríamos en conflictos con muchos pasajes y con toda la biblia prácticamente. Lo salvos solo serán los que creen en el Señor Jesús, y solo lo escogidos creerán en él (revisar punto 3). Cuando Juan habla de que la propiciación es para todo el mundo, está enseñando lo que se explicó en el punto 1, es decir, el evangelio es un llamado general, pero se hace efectivo solo en sus escogidos. Debemos considerar además que propiciación habla del sacrificio que aplaca la ira de Dios, pero Rom. 1, Apoc y otros pasajes hablan de que la ira de Dios caerá sobre este mundo.

    6. Hechos 16: 30 – 31
    Se responde en punto 3

    7. 2 Pedro 3: 9
    Es muy importante precisar en este versículo, “para quienes Dios es paciente”??
    Pedro dice: que Dios es paciente para “….con nosotros”. La biblia especifica ambos grupos cuando habla del mundo y de los hijos de Dios (ver algunos ejemplos Rom. 3:9, 1 Cor. 9: 25, 1 Tes 5:3, 1 Juan 4: 5-6)
    El texto es claro, Dios quiere la salvación de sus escogidos (“nosotros”)  Ver Juan 6: 37-39

    8. Juan 3: 36
    Se responde en punto 3.

    Que la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo sea con Ud. Amén.

  3. avatar Rodolfo dice:

    “Ningún hombre puede recibir nada si no le es dado del cielo.” (Jn 3:27)

    “Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida.” (v.21 Juan 5)

    “pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho.
    Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
    Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.” (Juan 10:26-28)

    De Inicio a fin la Soberanía es absoluta de nuestro Dios y Padre celestial, TODO lo hace Dios según el puro afecto de su voluntad.

    Que la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo sea con Ud. Amén.

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