Estudio

Deje que la biblia hable del Diezmo

«porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores» 1a. Timoteo 6:10


Ha sido lamentable y vergonzoso ver el espectáculo que la iglesia evangélica chilena (y por cierto mundial) está dando al mundo incrédulo y escarnecedor. Como sabemos, se ha hecho pública la caída de uno de los más famosos «becerros de oro» (el que lea entienda) que el propio pueblo había levantado en medio de un imperio religioso llamado «Iglesia Metodista Pentecostal». Cuan vigente y pertinente es el texto escrito más de 2000 años atrás por el apóstol Pablo.

Quienes por la gracia de Dios solo creemos en la biblia y no en los hombres (Romanos 3:4), solo nos resta aferrarnos con más fuerza a las santas escrituras para resistir y terminar nuestra carrera siendo fiel a la verdad y lejos de la institución llamada iglesia. Cristo viene pronto.

¿Qué es el diezmo?

Frente a esto, he considerado pertinente que revisemos nuevamente lo que la biblia enseña respecto a la administración del dinero dentro de la iglesia, en especial sobre el Diezmo. ¿Qué es el Diezmo? ¿Por qué y para qué Dios ordenó a Israel dar el diezmo? ¿La iglesia debe aplicar esta ordenanza judía? ¿Cómo se ha de financiar una iglesia local? Preguntas como estas serán abordadas a través de la biblia, para que sea ella quien hable sobre el diezmo.

Lo primero que debemos entender, es que la palabra DIEZMO, se refiere a la décima parte de algo, la cual se apartaba y se entregaba para ser usado conforme a instrucciones detalladas por Dios. El Diezmo era un impuesto establecido por Dios al pueblo de Israel y consistía en la entrega del 10% de las utilidades en la producción agrícola y ganadera. El libro de Deuteronomio nos enseña lo siguiente:

“Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año…el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a Jehová tu Dios todos los días…Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades. Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren”. (Deuteronomio 14: 22-29)

La instrucción que podemos entender en simple lectura, nos señala que el pueblo de Israel, tenía que apartar la décima parte de todo lo producido en alimentos, vegetales o animales, para dos propósitos específicos. Primero, para que reconocieran que Jehová era su proveedor (versículo 23 y 29) y segundo, para sustentar al levita que no tenía parte ni heredad a diferencia de las otras tribus de Israel, y también bendecir al huérfano, a la viuda y al extranjero, quienes nos tipifican, sin duda, a las personas desamparadas (versículo 29). Al entender ambos propósitos en el ejercicio de apartar el diezmo, no podemos con ello, no reconocer que el fin de todo, es el amar a Dios por sobre todas las cosas y a nuestro prójimo. En otras palabras, este texto nos aclara cual era el fin y el uso que se le daba al DIEZMO, pero también nos revela los dos mandamientos que encierran y resumen toda la LEY y que el mismo Señor Jesús nos enseñó:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas”. ( Mateo 22:37-40)

 El pueblo de Israel frecuentemente abandonaba los preceptos y ordenanzas que Dios les había entregado, y en lo particular, la ordenanza de apartar el DIEZMO no fue la excepción. La Biblia nos relata una dura amonestación que Dios le hizo al pueblo de Israel por medio de los labios del profeta Malaquías, veamos:

 “Porque Yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos? ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa, y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde” (Malaquías 3: 6-10)

En primer lugar, debemos destacar a quien fue dirigida esta dura reprensión. Al leer el verso 6, claramente descubrimos que es al pueblo de Israel. Este punto es de vital importancia al analizar el tema del Diezmo, puesto que estas instrucciones están dirigidas a un pueblo específico en una dispensación específica, es decir, LA LEY. Es una verdadera aberración e irresponsabilidad, traspasar las órdenes que Dios le entregó  exclusivamente a Israel, instituyéndolas en la iglesia a sabiendas de que ésta está enmarcada en otro período bíblico  con propósito y trato muy diferente a Israel.  No debemos olvidar,  que la gran diferencia entre estos dos pactos,  está en que Israel es un pueblo terrenal,  escogido por Dios,  con demandas, promesas y recompensas terrenales (Deuteronomio 7: 12-15). Por el contrario, la iglesia es un pueblo espiritual,  escogido por Dios,  con demandas, promesas y recompensas celestiales (Efesios 1:3). ¿Qué base bíblica tenemos para decir lo contrario?

En el texto de Malaquías, Dios amonesta a ISRAEL (o hijos de Jacob) por que ciertamente, habían abandonado el mandamiento de apartar el Diezmo. Lo interesante, es descubrir en este texto, la causa de la evidente molestia de Jehová ¿Qué fue lo que gatilló esta  reprensión de parte de Dios hacia su pueblo, Israel? En verdad, no fue porque el pueblo no diezmara en una forma religiosa, lo que Dios consideró inaceptable, es que se estaba defraudando y haciendo injusticia con el jornalero, la viuda, el huérfano y el extranjero, perdiendo el temor hacia EL, tal cual lo relata el verso 5 del mismo capítulo de Malaquías. Por cierto, que uno de los propósitos del diezmo, era bendecir a este tipo de personas desamparadas, las cuales eran y  son de mucha importancia para el Señor.  Es por esta razón,  que Dios ordena a que se llevase todos los diezmos al alfolí   para que hubiera abundancia en lo que a  alimentos se refería y así cumplir con la finalidad de este mandamiento. Cabe señalar, que siempre encontraremos una aplicación práctica  a nuestra vida,  en todos los mandamientos de Dios. No debemos pensar que estos fueron entregados e ideados  en forma caprichosa o arbitraria.  El diezmo nunca fue dado para «engordar a los levitas» y para que éstos vivieran como reyes, como ocurre con los facinerosos y traficantes de almas de la actualidad.

EL NUEVO PACTO

La Palabra de Dios nos enseña que las cosas entregadas en la Ley eran sombras, figuras y símbolos de lo que había de venir en la persona del Señor Jesús (hebreos 8:5 / 10:1 / Colosenses 2:16-17) y en una forma muy precisa nos dice que al ser introducido el nuevo pacto de LA GRACIA (La Iglesia),  todo lo anterior quedaba abrogado debido a su ineficacia. ¿Por qué entonces en muchas iglesias se practica el pago del diezmo,  si las Escrituras claramente nos señalan que era un mandamiento exclusivamente  para el pueblo de Israel? Ante esta inevitable pregunta, tendremos que observar tres argumentos que muchos usan pretendiendo justificar esta práctica judía en la iglesia:

1.- ABRAM DIEZMÓ A MELQUISEDEC

El Libro de Génesis nos relata que luego del regreso de la batalla contra Quedorlaomer, Abram tiene un encuentro con  Melquisedec, rey de Salem y sacerdote de ascendencia desconocida, a quién le entrega la décima parte, o sea, el diezmo de todo lo obtenido en la batalla (Génesis 14: 17-20).     En conexión con este texto, algunos  concluyen que el diezmo no es un mandamiento enmarcado o limitado solo al período de la Ley, por cuanto Abram, no estaba en aquella dispensación y sin embargo, ya tenía noción del significado y de la práctica de apartar el diezmo.  Es por esta razón, dicen ellos, que la iglesia,  al  ser un pueblo fundado en la Fe a semejanza de Abraham,   también le es lícito apartar el diezmo como Abram lo hizo.

El problema de esta interpretación, está en que Abram,  practicó no solamente la entrega de los diezmos, sino que también se circuncidó (Génesis 17: 24) a ordenanza de Dios. ¿Qué nos autoriza a tomar parte de lo que Abraham hizo y dejar el resto de lo que él también practicó?

Sin lugar a duda, si defendemos la idea de que la iglesia diezma, porque Abram también lo hizo, debiéramos además circuncidarnos, puesto que Abram también lo hizo.  En una forma honesta y sumisa a lo que Dios nos enseña en su Palabra, no podemos sentar una doctrina que no tiene un respaldo o sustento consistente en los relatos bíblicos. En conclusión, el caso de Abram no es un argumento para decir definitivamente de que  la iglesia tiene que diezmar.

2.-CRISTO PRACTICÓ Y  ENSEÑÓ EL APARTAR EL  DIEZMO 

Un texto muy usado para defender este argumento, está en Mateo 23: 23 en donde la Biblia nos relata que el Señor Jesús,  confronta la hipocresía de los Fariseos, quienes practicaban fielmente la ordenanza del diezmo, pero sus actos carecían de justicia, misericordia y fe. Sin embargo,  el Señor concluyó aquella amonestación sin anular la práctica que ellos mantenían, vale decir, el diezmar.  Es aquí, donde los defensores del diezmo en la iglesia, dicen que si el Señor manifestó una clara aprobación a esta práctica, la iglesia también debe hacerlo.

Frente a este punto, debemos resaltar que Cristo vino al mundo a  cumplir toda la ley,  demostrando así,  que ningún hombre era capaz de cumplirla plenamente y con ello introducir un nuevo pacto,  cuyo fundamento era su perfección como medio eficaz para satisfacer las demandas de la justicia de Dios. Así como el caso de Abraham, Cristo, no solo diezmó, sino que también se circuncidó y practicó todos los estatutos que la ley demandaba. Por consiguiente,  si defendemos la idea de que la iglesia debe diezmar por que Cristo diezmó, entonces debiéramos circuncidarnos y cumplir oda la ley, porque el Señor también lo hizo.

Existe un punto muy importante y que no se nos debe olvidar. La epístola de Santiago dice:

“Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos” (Santiago 2: 10)

Dios nos enseña con esto,  que en vano tomamos parte de la ley para cumplirla y dejamos el resto  sin cumplir. No existe hombre alguno que haya cumplido toda la ley, solamente el Señor Jesús y con ello,  la derogó  e introdujo  un nuevo pacto para con los hombres,   por medio de su excelso  sacrificio en la cruz del Gólgota.  En resumen, el practicar el apartamiento del diezmo no puede sustentarse bajo el argumento de que Cristo diezmó, porque con ello estaríamos aceptando la inclusión de otras prácticas de la ley que el Señor también practicó y cumplió cabalmente.

 3.- EL DIEZMO ES UNA MEDIDA QUE DIOS DEMANDA AL HOMBRE

Al parecer, aunque no lo comparto, este es el argumento que a mi juicio,  considero más honesto por parte de las personas que insisten en que la iglesia debe diezmar. A pesar de que no hay sustento bíblico sobre este punto, quienes lo utilizan, reconocen que la Biblia no manda a que la iglesia diezme, pero conjuntamente enseñan que sí, las Escrituras  entregan  luz con relación a la medida o  la cantidad que deben apartar las personas de sus ingresos.  En otras palabras, enseñan que Dios ha revelado en forma muy precisa, que debe ser la décima parte de los salarios que ha de ser entregada para la obra. Las preguntas que nos debiéramos formularnos son: ¿Por qué Dios no incluyó ninguna instrucción detallada y precisa, con relación al diezmo, en el nuevo testamento? ¿Por qué no existe ningún texto desde el libro de los hechos en adelante, que nos revele que la iglesia diezmaba? ¿Por qué Pablo, Pedro o Juan nunca hablaron sobre el diezmo en sus cartas? La respuesta es simple y categórica: La iglesia neotestamentaria no diezmaba, porque aquello siempre fue una ordenanza judía.

¿DIEZMO V/S OFRENDA? 

¿Qué vale más, el diezmo o la ofrenda? Resulta obvio, después que entendemos que el diezmo es un mandamiento exclusivamente para el pueblo de Israel y no para la iglesia, hacernos la siguiente pregunta: ¿Cómo se financia una iglesia local?.

La respuesta asoma a partir de una necesidad que se dio entre los santos de la iglesia primitiva.  Así surgió la OFRENDA PARA LOS SANTOS.  Al comienzo de la iglesia, los discípulos acostumbraban a mantener las cosas en común y  los integrantes,  entregaban lo que tenían para finalmente ser repartido a aquellos que sufrían necesidad. Ante este punto,  es necesario aclarar que no fueron los apóstoles los que instituyeron esta práctica, sino que la gracia de Dios operaba con tanta abundancia en los miembros en general, que ellos, en su corazón sentían la necesidad de actuar de esa forma tan dadivosa. Los creyentes en ese momento, traían sus pertenencias y las ponían a los pies de los apóstoles; no para ellos, sino que para ser repartido según la necesidad de los hermanos.

“Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, las vendían y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad.” (Hechos 4: 34-35)  

Ciertamente que esta práctica que el nuevo testamento nos revela,  difiere diametralmente  con lo que los “pastores” de la actualidad,  enseñan y realizan.   El pecado del hombre que todo lo arruina, fue extinguiendo esta noble actividad de que los hermanos necesitados fueran sostenidos por medio de repartir la ofrenda.  Recordemos la avaricia y la hipocresía de los tristemente célebres  Ananías y Safira, quienes engañaron al Espíritu Santo, sustrayendo parte de la heredad  que habían entregado a la iglesia (Hechos 5: 1-11).

La actividad de repartir para los necesitados es un don de Dios. Pablo le dice a los Romanos: «… el que reparte, con liberalidad» (Romanos 12:8). La iglesia siempre estuvo preocupada de las necesidades de los hermanos. Por tal razón nació la necesidad de los diáconos (vea hechos 6: 1-3). Hoy la noble actividad de «diáconos» , se ha transformado en un «grado jerárquico» que llena de arrogancia a quien tiene ese título eclesiástico, pero que en nada tiene que ver el origen de la función, inclusive con su propia etimología que significa «servidor». Cristo es «El Diácono» por excelencia. El no vino a ser servido, sino que a servir.

En resumen, hubo un período en que existió necesidad en muchos miembros de la iglesia en Jerusalén y Dios comenzó a usar a los apóstoles para superar esta situación. En la epístola de Pablo a los Romanos dice lo siguiente:

“Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos. Porque Macedonia  y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén.” (Romanos 15: 25-26) 

Aquí,  el apóstol Pablo anuncia su visita a Jerusalén con el fin de entregar una ofrenda que las iglesias de Macedonia y Acaya, habían apartado para ayudar  a los  santos necesitados. Esta decisión de Pablo fue,  sin duda, apoyada y motivada por Juan, Pedro y Jacobo, según lo relata la carta a los Gálatas:

“Solamente nos pidieron que nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer.” (Gálatas 2: 1)
Lo interesante de toda esta  experiencia, es que el Espíritu Santo nos revela que no eran los hermanos,  en sus propias intensiones e iniciativas humanas  que habían decidido  ofrendar para suplir  las necesidades de los hermanos  pobres, sino que la gracia de Dios nuevamente estaba operando en medio de ellos, produciendo esta maravillosa actitud de generosidad para la gloria de Dios.

 “Asimismo, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que se ha dado a las iglesias de Macedonia; que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y profunda pobreza abundaron en riquezas de su generosidad. Pues doy testimonio de con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas , pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos” (2 Corintios 8: 1-4).

Sin lugar a dudas, de aquella experiencia surgió una nueva y más sublime manera de sustentar a los miembros necesitados de una congregación,  y esta manera ya no estaba sujeta a una medida como el diezmo del  antiguo pacto, sino que al grado de compromiso y al  amor en los corazones de cada uno de los creyentes.

CARACERÍSTICAS DE LA OFRENDA PARA LOS  SANTOS

En primer lugar, a nadie se le obligaba a apartar esta ofrenda:

“No hablo como quien manda, sino para poner a prueba, por medio de la diligencia de otros, también la sinceridad del amor vuestro” (2 Corintios 8: 8).

En segundo lugar, no se estableció una medida o porcentaje determinado al ofrendar:

“Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad” (2 Corintios 9:7)

En tercer lugar, se entregaba cada domingo y no en cada reunión.

 “ Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado” (1 Corintios 16:2)

En Cuarto lugar, la gracia de Dios había llevado a los hermanos más pudientes y prósperos a sustentar a los más pobres:

«sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad,  como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos» 2 Corintios 8: 14-15

A modo de resumen…

La biblia enseña que el diezmo era un impuesto determinado por Dios exclusivamente para pueblo de Israel (Deut. 14:22-29 / Mal. 3: 6-10) y su objetivo era el mantenimiento de la casta sacerdotal de la tribu de Levi y ayudar a los desamparados tales como a las viudas, los huérfanos y al extranjero. El diezmo nunca fue dinero y tampoco se realizaba de manera mensual. Consistía en alimentos producidos por la tierra de Israel, por lo tanto, sería absurdo aplicar este impuesto a personas que no habitan en «la tierra» de Israel. Por otra parte, no hay ninguna enseñanza neotestamentaria que ordene o tan solo sugiera que los creyentes de la iglesia de Cristo, deban mantener esta práctica judaica. La iglesia se sustenta a través de la colecta u ofrenda, y la cantidad es voluntaria y está sujeta según a lo que cada uno ha sido prosperado (1 Cor.16:2) y a lo que cada uno propone en su corazón (2 Cor. 9: 7). Toda enseñanza fuera de este marco de sana interpretación es un acomodaticio y es torcer lo que la biblia enseña.

LA TRISTE REALIDAD DE LA IGLESIA MERCANTIL

Cuando realizamos un vistazo panorámico en la práctica actual  de muchas iglesias cristianas evangélicas, observamos dos cosas:

1.- El dar el diezmo: Esto significa, entregar  la décima parte de los ingresos obtenidos en el mes. En muchos lugares es un requisito indispensable,  para no aparecer en el listado de morosos publicado por el “pastor”, para evitar que Dios desampare las finanzas en un hogar y  para  que Dios multiplique lo que se ha entregado (conceptos claramente anti-bíblicos).  He conocido a muchos creyentes que  cuyo compromiso del diezmo, más que una convicción escritural, es una acción supersticiosa al igual que las mandas  del catolicismo romano, en otras palabras, “dar para recibir”.  Sin duda, bajo este concepto, el diezmo es una costumbre que “duele” cada mes, pero que traería consecuencias trágicas, si no se realiza.

2.-El Ofrendar:  Por costumbre, esta práctica tiene menos valor que el diezmar. Aquí, cada uno de los miembros,  da lo que  disponga en el momento que se pasa “la bolsa”  en el lugar de reunión. Comúnmente, estas ofrendas, son las “chauchas” que molestan en los bolsillos y la frecuencia de esta práctica, es relativa al procedimiento que ha determinado cada iglesia. Existen algunas congregaciones que “ofrendan” en todas sus reuniones y otras, cuyos pastores mandan a entregar “ofrendas silenciosas”, vale decir, billetes y NO MONEDAS

Llevamos varias décadas observando una decadente práctica en el seno de la cristiandad actual. Vemos que el mercantilismo, la mercadotecnia y merchandising llegó para quedarse enquistado en el ADN del pueblo evangélico. Pero quizás lo más alarmante, y que de algún modo motiva este artículo, es que las iglesias bíblicas también están lentamente cayendo en lo mismo.

Hoy todo se vende. Aunque pregonamos y hablamos de “la gracia”, dentro de las iglesias nada es gratis. Venta de libros, de seminarios, conferencias, artículos, espacios radiales, etc. La “predicación del evangelio y la gran comisión” se ha vuelto un nicho de mercado que está creando verdaderos imperios religiosos que distan mucho de la sencilla iglesia de Cristo, cuyas huellas están claramente visibles en la biblia.

Desde el comienzo de la motivacional idea del “crecimiento de la iglesia” en la década de los 70, cientos de líderes norteamericanos han salido por el mundo sembrando la semilla del crecimiento y plantación, cuyo éxito se corona con mega iglesias de membresías imposible de controlar bajo los parámetros bíblicos. Tal cual como el avance de los mega o hiper mercados que se “comieron” los negocios pequeños del barrio, las “mega iglesias” arrasaron con las asambleas cristianas pequeñas, pero lo peor, es que esta filosofía se incubó en las mentes y perspectivas de líderes y miembros de las iglesias modernas. Tanto así, que ahora solo se concibe que la iglesia debe crecer a como dé lugar. En otras palabras, las concepciones bíblicas de una iglesia local fueron reemplazadas por las ideas industriales y mercantiles del mundo. La biblia dice:

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” Romanos 12:2

Sin dudas, que la iglesia se ha conformado (tomado la forma o molde) de este siglo (mundo o sistema). Evidentemente que hemos fracasado en este imperativo divino. Mientras la perfecta voluntad de Dios es que seamos iglesias locales distribuidas en diversos lugares con un número de miembros que permita al menos “conocerse los nombres de cada uno”, hoy vemos en esta idea megalómana y afiebrada, grandes membresías en donde nadie sabe quién se sienta al lado suyo en una reunión. Es una vergüenza y un insulto al Señor, pero también, un triste espectáculo a un mundo incrédulo que observa y blasfema con mayor intensidad en contra de los evangélicos.

El texto que encabeza este artículo es una enseñanza directamente de nuestro Señor Jesucristo quien a miles de años, nuevamente nos recuerda que todo lo hemos recibido gratuitamente y por tanto, debemos dispensarlo gratuitamente. “de gracia recibisteis, dad de gracia” Mateo 10:8b

Sin embargo, aquí hay otro mandamiento que deliberadamente hemos quebrantado. Hemos reemplazado la gracia por mérito, y estamos “vendiendo el evangelio”. De verdad, no me imagino a Cristo y sus apóstoles “cobrando entrada” para oír sus sermones. Imagínese a Pablo levantando una boletería para que los interesados en aprender de él, hubiesen tenido que comprar un ticket para entrar. ¿Es absurdo cierto? Pero es la realidad. Es la verdad de lo que ocurre aun en iglesias bíblicas. [ http://spgchile.org/evangelio-en-venta-compre-su-ticket-de-entrada/ ]

No debemos olvidar que estamos en tiempos de apostasía, en que la iglesia se ha transformado en cueva de ladrones. De ahí que alguien dijera que las iglesias son como verdaderos callejones sin salida en donde se asaltan a las personas; se les dice ¡arriba las manos y entreguen todo lo que tengan!.  Aunque parece gracioso, es una triste realidad y que el Señor nos anticipa con tanta claridad y precisión en su Palabra:
 
“…Hombres… que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales”  (1Timoteo 6:5)
 
“ y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas” (2 Pedro 2:3).
 
“ ¡Ay de ellos! que se lanzaron por el lucro de Balaam…adulando a las personas para sacar provecho” (Judas 11-16)

Actualmente el evangelio santo del Señor Jesucristo, lo han rebajado a un mensaje social,  lleno de toda avaricia. Hoy se habla del “evangelio de la prosperidad”, se dice que “Dios es el mejor negocio y el mejor banco en el cual se debe invertir…”.  En este evangelio ambicioso,  la gente se ha postrado ante el dios de este siglo,  cuya oferta claramente está escrita en la Biblia:

“Todo esto te daré,  si postrado me adorares” (Mateo 4: 8-9).

Estas “MEGA IGLESIAS”, no son otra cosa que grandes  empresas recaudadoras de enormes utilidades; organizaciones de nepotismo que sostienen verdaderas dinastías,  las cuales se han enriquecido por «la fe» de las personas. Para nadie es un misterio saber que el dueño de estas “iglesias” es un hombre determinado y junto a él, está su familia directa, hermanos, sobrinos, primos, etc. , todos, por cierto, viviendo en  espléndidas casas y con  flamantes automóviles último modelo. Para llegar a ello, en la actualidad se han instituido una serie de eventos que solo tienen como finalidad hacer dinero:  móviles en las calles, café concert “cristiano”, desfile de modas “cristiano”, recitales “cristianos”, completadas y tragos “cristianos”, y ahora, mega conferencias para pastores, ventas de libros, seminarios, etc.

Estimado lector, el cristiano verdadero,  no alimenta ni pone su fe en las riquezas de este mundo, el anhelo de los genuinos peregrinos y extranjeros,  es partir cuanto antes a la patria celestial que el Señor ha prometido, diciendo cada día,  VEN, SEÑOR JESÚS. Que así sea, Amen. Maranata!

PEL 04/2019

 

3 Comentarios

  • ALDUVIN PERDOMO

    Amados hermanos de Solo por Gracia. Que bueno que todos esos artículos que publican lo hacen para agradar a Dios y no a los hombres. Porque si hay cosa que irrita al clero católico y protestante es que se diga la verdad respecto al diezmo. Por eso considero a continuación transcribir un pequeño fragmento de libro «EXPONINDO
    EL PECADO DE DIEZMAR DINERO» del Hermano JONATHAN JAQUEZ.
    Primer Diezmo
    Números 18:21 Y he aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por
    heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión.
    El primer diezmo fue dado claramente a los levitas.
    Segundo Diezmo
    Deuteronomio 14:22 Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere
    tu campo cada año.
    Deuteronomio 14:23 Y comerás delante de IHVH tu Elohim en el lugar que él escogiere para
    poner allí su nombre, el diezmo de tu grano, de tu vino y de tu aceite, y las primicias
    de tus manadas y de tus ganados, para que aprendas a temer a IHVH tu Elohim todos los
    días.
    El segundo diezmo Elohim se lo daba al mismo que diezmaba para que comiera su diezmo.
    Diezmar dinero: Pecado, Tradición Pagana y Apostasía
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    Tercer Diezmo
    Deuteronomio 14:28 Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de
    aquel año, y lo guardarás en tus ciudades.
    Deuteronomio 14:29 Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el
    extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán
    saciados; para que IHVH tu Elohim te bendiga en toda obra que tus manos hicieren.
    El tercer diezmo era dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda. Una de las
    características del diezmo bíblico y al mismo una de sus mayores diferencias del diezmo que es
    practicado hoy en día, es que en los tiempos bíblicos, por mandato de Elohim el pobre no debía
    diezmar, sino que cada tres años era participe de recibir los diezmos (Deuteronomio 14:28-29).
    En Israel solo aplicaban para diezmar los propietarios de tierras y animales. Esto es confirmado
    en la Mishnah (Código de la Ley Judía) basado en Levíticos 27:30-34.
    Yeshua como carpintero no diezmo, no solo por ser pobre (2 Corintios 8:9), también por su
    profesión estaba exento de pagar diezmos. Los pobres como la viuda en Lucas 21 no
    diezmaban sino que ofrendaban voluntariamente según sus capacidades y cada tres años
    debían recibir los diezmos.
    Había un cuarto diezmo que debían dar los levitas del diezmo que recibían (Números 18:21) a
    los sacerdotes hijos de Aarón (Números 18:26,28), solo el diezmo del diezmo era llevado a la
    casa del tesoro en el templo (Nehemías 10:38b). Otra diferencia del diezmo bíblico del
    practicado hoy es que en el templo en Jerusalén no se recogían los diezmos, en el templo solo
    eran recogidas las ofrendas voluntarias por votos de nazarenos, sacrificios, por sanidad de
    inmundos o leprosos8
    . El diezmo en Israel era recogido en las ciudades de los Israelitas
    (Nehemías 10:37b) y solo el diezmo del diezmo era llevado a las cámaras del tesoro (Nehemías
    10:38) que construyo Ezequías (2 Crónicas 31:11-14).
    Diezmar dinero nunca fue practicado en Israel y es necesario mencionar que el diezmo solo
    aplicaba dentro de la tierra de Israel9
    (Deuteronomio 12:1 y 26:1-2). Luego con el exilio de
    Israel a Babilonia fue aprobado que se diezmara de los frutos agrícolas y animales producidos
    en Babilonia. Las tierras de Grecia y otros lugares remotos jamás fueron consideradas aptas
    para diezmar. (fin del fragmento)
    Respecto a Malaquías 3:8 al 10, sería bueno investigar a fondo, pues parece que los soferin o escribas en un intento de suavizar el pasaje, lo enmendaron, al parecer Dios no maldijo a su pueblo, sino que se sentía blasfemado porque al no llevar el diezmo al granero la gente pobre renegaba. En conclusión, el diezmo era en especie y no en dinero; solo lo que producía la tierra de Israel; Solo era una vez al año; Solo los hacendados y terratenientes diezmaban, el pobre no, sino que mas bien cada tres años recibía el diezmo. ¡Halabado sea Dios! con que sabiduría, reguló este mandamiento para el pueblo judío. Hoy nosotros, su iglesia solo ofrendamos, según él nos prospera y según propongamos en nuestros corazones y los destinatarios de esas ofrendas deben ser: LOS SANTOS DE LA IGLESIA. Que Dios les bendiga.

  • ruben

    Saludos Hnos:

    Estoy de acuerdo en que el diezmo no ha sido implementado por Dios para enriquecer a algunos siervos como lamentablemente lo vemos hoy en muchos casos; tampoco se debe manipular el tema del diezmo con el objeto de recaudar dinero pero deseo afirmar que en la era de la gracia si se puede diezmar, el que quiera diezmar no tiene impedimento alguno para hacerlo. Por ejemplo yo diezmo y desde que comencé a hacerlo pude comprobar la bendición que provee el diezmo.

    Lo 1ro que hay que entender es que el diezmo está sustentado en un principio espiritual, se trata de un pacto personal con Dios como lo hizo Jacob y como todo principio espiritual, si lo cumplimos, obtenemos la bendición correspondiente. Luego en la era de la Ley este principio espiritual se hizo obligatorio y en la era de la gracia no es obligatorio pero si se lo puede hacer.

    Muchos dicen que el diezmo era de la Ley, y por lo tanto, ya no hay que practicarlo. Pero todas las ordenanzas de Dios están basadas en principios espirituales; por ejemplo la ley Mosaica decía: “no mataras, no robarás, etc….” ya no está en vigencia la ley Mosaica, entonces: ¿Podemos matar y podemos robar? Por supuesto que no; ya no está en vigencia la ley Mosaica pero los principios espirituales de dicha Ley están en plena vigencia. Lo mismo pasa con el diezmo; ya no es obligatorio pero el principio espiritual que sustenta al diezmo siempre estará vigente como ya lo demostraron Abram y Jacob antes de la implementación de la ley Mosaica.

    Yo puedo decir que practicar el diezmo es de mucha bendición porque yo pase varios años sin diezmar y puede comprobar la diferencia cuando empecé a hacerlo; pero eso es difícil explicarlo con palabras, es necesario vivirlo.

    Paz a Vosotros

  • RAÚL MEDINA LÓPEZ

    Estoy de acuerdo si la bendición no intercambia su sentido original pues estamos por fe y no por Diezmo
    damos ofrenda por respuesta al amor que El Señor Jesucristo ofrendó así mismo. Con el Diezmo atemorizan
    muchos líderes religiosos olvidando la verdadera intención espiritual, el reconocimiento al sacrificio de salvación ha dado salvación y bendición a todos los hombres pues él no rechaza al que se acerca al Padre celestial . El Señor Jesús no diezmó su vida pues por su acto único al hacerlo ya era bendito entre los hombres el se ofrendó para siempre. Quien quiera ofrecer su Diezmo es un acto espiritual personal que será visto como su acción voluntaria y reconocimiento espiritual más no es condición de bendición de Dios. La ofrenda tiene respuesta en el reconocimiento del sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo ofrendar como su acción misma es aceptar la necesidad de ofrecer nuestra ofrenda al más alto nivel espiritual Nuestro Jesucristo sabe la necesidad de sus iglesias y congregaciones que jamás se apartará de sus santos. El diezmar u ofrendar no es evangelio de intimidación sino un puente de obediencia la bendición esta dada pues la presencia del Espíritu Santo nos muestra al Señor ofrendado para salvación hasta cruzar y llegar a Dios padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo

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