Devocional

JESUCRISTO, LA PIEDRA DE TROPIEZO

“Piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra…” 1ª Pedro 2:8


Sin duda que nuestro Señor Jesucristo ha sido la “piedra de tropiezo” que hace caer a todo hombre que busca su propia redención y plenitud lejos del único que puede otorgarnos salvación y vida eterna.

En una somera y secular mirada, la humanidad siempre ha querido encontrar la fórmula que le otorgue la felicidad y liberación de los males que le acompañan. La incesante búsqueda de la felicidad y del placer, ha sido el motivo de horas de meditación de “grandes pensadores” que la historia registra. Por ejemplo, el filósofo griego Epicuro (341-270 a.C.) fue quien ponía las bases del “hedonismo” (la búsqueda del placer y la felicidad) sobre las cuales se proyecta un legado recogido por otros famosos filósofos futuros; inclusive teólogos, como el propio predicador norteamericano John Piper con su excéntrico “hedonismo cristiano”, que de algún modo logra  amalgamar la filosofía de Epicuro con el cristianismo.

Sin embargo, todo razonamiento en búsqueda de la felicidad y redención del hombre, fuera del evangelio puro y sin aditivos, tropieza en la misma piedra llamada Jesucristo. Porque Él es la “piedra de tropiezo y roca de caída”. Es allí donde tropiezan los grandes pensadores, filósofos, sociólogos, antropólogos y teólogos que basan sus preguntas y respuestas en su propia sapiencia y en su engañoso corazón. Pablo dice:

“…se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido” Romanos 1:21

Política, economía, Opus Dei y Ateísmo

En días en que muchos líderes están polarizando la iglesia mediante sus posturas políticas, creo oportuno mencionar y entender que todo sistema político, económico y religioso, también tropezará en la misma piedra llamada Jesucristo. No olvidemos que la senda del anticristo será precisamente unificar los más variados postulados políticos, económicos y religiosos; y ¿Dónde estarán los creyentes en ese momento? Ciertamente ya arrebatados y glorificados por El Señor, y no ostentando cargos públicos, político, ni marchando en pos de reivindicaciones y créditos terrenales como hoy día vemos a la cristiandad multitudinaria. Porque hoy sin duda, la gran masa de evangélicos esta propensa a seguir cualquier camino que le prometa felicidad y solución de los problemas sociales que todos conocemos so pretexto de ser “sal de la tierra y luz del mundo”.

Quizás los bloques más marcados en la historia respecto a la política y la economía, como fórmula de solución a la gobernabilidad y sustento de la humanidad, han sido el capitalismo y el comunismo. Ambos también han tropezado en la misma roca de caída. Ninguno de los dos sistemas nos da la solución real y efectiva, la cual solo Cristo nos entregará en su segunda venida. Por tal razón Santiago decía: “…tened paciencia hasta la venida del Señor” (Santiago 5:7)

Por un lado observamos El Capitalismo basado en la importancia del “capital” (patrimonio) como medio y herramienta de producción, y con un precario énfasis en los trabajadores; y por otro lado, El Comunismo basado en la importancia de la “propiedad común” como medio y herramienta de producción. Ambos fracasan en la misma “piedra” llamada Jesucristo. ¿Por qué? , porque ambas fórmulas socioeconómicas tropiezan en los principios del evangelio como base para la equidad, la justicia social y la satisfacción de las demandas de la ley moral de Dios, lo que deja en evidencia la descomposición espiritual del hombre sin Dios. Por más fórmulas que el hombre presente para dar “solución” a los problemas de la humanidad, todas tropezarán con la roca de caída.

El capitalismo creó su propia concepción religiosa llamada “Opus Dei” (del latín: “Obra de Dios”) en cierta forma para justificar “religiosamente” la existencia de las diferencias sociales como equilibrio necesario en la sociedad. Es decir, para ellos los pobres deben dar gracias a Dios por ser pobres y los ricos por tener lo que tienen y darles trabajo a los pobres. Quizás sería una definición simplista para algunos, pero esta es la base de la creencia de los postulados del cura español monseñor Jose Maria Escrivá de Balaguer, Franquista de pensamiento, fundador del Opus Dei y canonizado por el extinto papa Juan Pablo II. Escrivá de Balaguer decía:

“Quien no ame y viva la virtud de la pobreza no tiene el espíritu de Cristo” [http://www.escrivaobras.org/book/conversaciones-punto-110.htm]

Los afamados “tecnócratas” que apoyaron la dictadura de Francisco Franco en España, fueron también seguidores de las enseñanzas del cura Escrivá de Balaguer. La santa devoción por su trabajo, profesionalismo y puritanismo estricto, eran las columnas más características de estos defensores del capitalismo, tan igual como los llamados “chicago Boys” quienes armaron la economía capitalista neo liberal durante la dictadura en Chile.

Alguien formulaba la siguiente pregunta: si no hay pobres ¿Quién hará el trabajo sucio? Esta ideología de principios católico – capitalista llamada Opus Dei, no se sostiene a la luz de La Palabra de Dios. Si bien, Cristo no vino a erradicar la pobreza, jamás la validó como un equilibrio necesario para la sociedad. La pobreza es la evidencia del caído corazón del hombre por causa del pecado; lleno de avaricia, asimetrías y de ansias de poder. El principio de Dios es este:

“El que recogió mucho, no tuvo más, y el que poco, no tuvo menos” 2ª Corintios 8:15

Pero ¿Qué hombre sería capaz de llevar a la práctica este principio divino, y compartir con el más necesitado, sin ningún interés, su propia abundancia? Evidentemente, aquí es donde tropieza el capitalismo y su fórmula religiosa llamada, entre otros nombres, Opus Dei. Por eso volvamos a revisar lo que enseñó Santiago, quien escribió bastante sobre las asimetrías sociales que ya afectaban la convivencia de la iglesia primitiva, decía:

“¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán.  Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza.  Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia. Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. … Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca” Santiago 5: 1-8

¡Que excelente texto! nos ofrece la infalible Palabra del Señor para que nosotros los cristianos, los peregrinos y extranjeros, no pongamos nuestra mirada y esperanza en las formulas políticas – económicas que, cualquiera esta sea, siempre tropezará en la misma piedra y roca de caída llamada Jesucristo. Nuestra esperanza está en la venida del Señor y en el establecimiento de su reinado justo. Ahí sí que habrá justicia y equidad verdadera. No antes. El resto es solo utopía.

Por su parte, el comunismo como antítesis del capitalismo, erradica de sus postulados la existencia de Dios, por lo tanto, si no hay Dios, para ellos no hay ley, no hay moral, no hay pecado ni necesidad de un Redentor. El comunismo no concibe a Dios de la manera distorsionada como lo hace el “capitalismo religioso” llamado Opus Dei, pero sí pretende rebajar el mensaje de Cristo a una idea socialista de lucha de clases y de la búsqueda de la igualdad. En definitiva, también es una distorsión de la verdad que tropieza en la misma piedra, porque una vez que “el comunista” logra tener poder, se vuelve capitalista, pero ateo.

El afamado ideólogo del comunismo es el filósofo alemán de origen Judío llamado Karl Marx, quien, habría sido “creyente” hasta la edad de su juventud, pero que luego habría abandonado todo principio religioso. Sus escritos dejaban ver una tenaz oposición a toda idea religiosa que pretendiera ofrecer soluciones sociales,  que según él, solo el hombre era capaz de resolver.

Marx definió a la religión como “opio del pueblo” (Karl Marx 1844 “Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel), lo que significa, de manera metafórica, que la religión solo es un analgésico somnífero (droga), pero que no soluciona el problema desde su raíz. Con esta ponencia, el comunismo tropieza en la misma piedra llamada Jesucristo, quien es el único Redentor del pecado del hombre, desde donde deriva toda avaricia y desigualdad. Ciertamente Marx ignoró para su propia perdición que el problema del hombre se llama “pecado”, y su solución, no pasa por una filosofía de carácter socio económico, sino que por la salvación de la pena, del poder y de la presencia del pecado; obra exclusiva de Cristo Jesús y su santo evangelio.

El Judaísmo, El Islamismo, El Budismo, etc.

En el ámbito religioso, no cabe duda que todas las religiones tropiezan en la misma piedra y roca de caída llamada Jesucristo.

Primeramente los judíos. Aunque Dios promete plena restauración a los escogidos de Israel en el futuro (Romanos 11: 1-36), ellos tropezaron en la misma piedra de caída. Mientras ellos buscaban su redención por medio de justicia por obras, el evangelio de nuestro Señor Jesucristo enseña que la salvación no es por obras, sino que por gracia por medio de la fe (Efesios 2:8-9). Israel iba tras una ley de justicia por obras, y por lo mismo no pudo alcanzarla (Romanos 9: 31-32)

El Islam por su parte, enseña la salvación del hombre mediante obras. Ellos no creen en la salvación por medio de un Padre que envía a su Hijo a morir por los pecados de su pueblo. Ellos solo creen en un padre sin un hijo. Ellos descansan en sus propias justicias, y por ese “camino”, que parece derecho, solo se transita hacia la perdición eterna.

“Hay camino que al hombre le parece derecho; Pero su fin es camino de muerte” Proverbios 14:12

De la misma forma el budismo y todas las filosofías que encierran en su enseñanza la idea de “auto-redención”. Es decir, muchos creen que la divinidad y redención provienen desde el interior del propio ser humano, de modo que los caminos de salvación vienen de sí mismo, y no de un Dios personal que revela su carácter santo (su Ley), su justicia y su amor para redimir.

Todas estas ideas religiosas orientales de “auto-deificación”, niegan la existencia absoluta de la verdad, por lo tanto, cada individuo es “su propia verdad”. Para ellos no existe Dios único, por lo tanto, no existe ley, no existe pecado ni menos condenación eterna como la biblia enseña. Para los seguidores de estas filosofías, todo camino “espiritual” lleva a la “auto-redención” mediante su avance en los ciclos evolutivos de iluminación (rueda de samsara o reencarnación sucesiva). Sin duda que toda esta doctrina tropieza en la misma piedra llamada Jesucristo. Es curioso, pero este cúmulo de enseñanzas son tan populares entre los hombres que dicen ser agnósticos o ateos, pero para ellos no les es difícil creerlas y abrazarlas, sin embargo, les produce nauseas a la verdad entregada por el evangelio. Se cumple La Palabra de Cristo cuando decía:

“Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas” Juan 3: 19-20

Amados hermanos demos gracias al Señor porque su amor nos ha constreñido a tal punto de evitar tropezar, como muchos, en la roca de caída. Ciertamente nuestras convicciones han sido cambiadas radicalmente por la obra del Espíritu Santo, de modo que ahora creemos con todo nuestro corazón que el único camino para la redención y satisfacción plena del creyente, no está en este mundo temporal, sino que en el bendito evangelio de Jesucristo, cuyo inicio es desde la eternidad, pero en el plano terrenal comienza con el perdón judicial de todos nuestros pecados, y que se proyecta hacia la eternidad con la definitiva liberación de la presencia del pecado aquel día cuando El Señor regrese a buscarnos como Él lo prometió.

Que la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo nos ayude a comprender este importante tema. Que así sea. Maranata.

PEL 05/2019

 

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