Devocional

NO DIGAS A TODO “AMEN”

Bendito sea Jehová Dios de Israel, De eternidad a eternidad. Y dijo todo el pueblo, Amén, y alabó a Jehová.  1º Crónicas 16:36


La expresión “amen” se ha transformado en una especia de muletilla que brota espontáneamente al más mínimo estimulo emocional ante una predicación o exposición escrita de la palabra. Esto se puede ver frecuente en las redes sociales cuando las publicaciones de carácter evangélico, son literalmente “tapizadas” con un sinfín de “amen”. La pregunta que surge frente a este fenómeno es: “antes de decir o escribir “amén”, los oyentes o lectores ¿habrán oído o leído cuidadosamente cada frase y cuerpo del mensaje que les lleva a afirmar solemnemente con un “amen”?

Ante esa pregunta, es que se desarrolla este articulo para que cada uno de nosotros podamos meditar en la profundidad de lo que significa la palabra bíblica “amén”, y a no decir “amén” por  cualquier cosa. Sabemos que en el mundo pentecostal y carismático se tiende a abusar desmedidamente de esta afirmación bíblica, y por lo tanto,  se dice «amen» por las cosas mas inverosímiles.

Recuerdo en lo particular una predicación basada solo en el texto: “Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita” (Lucas 19:31). Cuando el predicador, preso de su vehemencia y emocionalidad carismática, enseñaba a sus feligreses que “¡¡Dios quiere desatarte porque te necesita!!”, al escuchar esta alegórica y emocional enseñanza, toda la audiencia en medio de esas clásicas efervescencias evangélicas,  irrumpía con un estruendoso “¡¡AMEN!!”. Sin embargo, cuando se realiza una somera vista del texto y contexto del pasaje citado por ese vehemente predicador, se descubre que El Señor se estaba refiriendo a un burro, al cual los discípulos lo debían desatar para que El Señor Jesús lo usara en su entrada a Jerusalén, y cumplir así la profecía de Zacarías 9:9. Es decir, no debemos decir a todo “amen”.

¿Qué dice la biblia de la expresión “AMEN”?

La palabra “AMEN” es de origen hebreo y significa <confirmación y afirmación> Quien dice “amen” está diciendo: “Sí, estoy de acuerdo, Así es”, etc. La biblia está llena de enseñanzas sobre esta expresión.

El pasaje citado en el encabezado de este artículo es muy claro; El pueblo dijo “amen” cuando David les exhorta a bendecir a Dios desde y hasta la eternidad, por su bondad, por su misericordia, por su protección, etc. También el pueblo dijo “amen” cuando Nehemías reprende duramente a los facinerosos y usureros de siempre (Nehemías 5:13). Ahora si nos remontamos al tiempo de Moisés, el pueblo también decía “amen” ante las maldiciones que la ley advertía frente al pecado:

“Maldito el hombre que hiciere escultura o imagen de fundición, abominación a Jehová, obra de mano de artífice, y la pusiere en oculto. Y todo el pueblo responderá y dirá: Amén” Deuteronomio 27:15 (Leer hasta el verso 26)

Sin embargo, el líder o el pueblo pueden errar diciendo “amen” a algo que no está conforme a la voluntad de Dios. Así ocurrió en la práctica, cuando David promete devolver el arca a Jerusalén y el pueblo dijo inmediatamente “amen” en medio de gran júbilo. No obstante, todos sabemos que Dios fulminó a un hombre llamado Uza como consecuencia de no haber hechos las cosas conforme a la voluntad de Dios (1º. Crónicas 13: 1-14). Por eso, no debemos decir a todo “amen”.

Amen Por todo…

Hoy el pueblo dice “amen” por todo. Solo basta con que los escritos o las predicaciones digan: “Dios, Jesucristo o Espíritu Santo” para ver la multitud de personas que dicen “amen”, sin examinar ni cuestionar nada. En Facebook se puede observar que alguien postea algo, y en menos de 1 minuto del post, no se dejan esperar las afirmaciones de “amen” ante un texto que al menos tomaría 1 hora en leerlo y meditarlo bien, antes de irrumpir con un “amen”,  que significa “Sí, estoy de acuerdo, Así es”. Hoy a todo se le dice “amen” porque estamos en un tiempo en donde la multitud no discierne entre el pasto natural y el sintético. Como dice un amado hermano: “no se distingue entre el aserrín y pan rallado”. Hoy se le dice “amen” a enseñanzas tan aberrantes como el “decrétalo, reclámalo o confiésalo”. Se le dice “amen” a nuevas revelaciones de apóstoles y profetas que ni siquiera conocen los libros de la biblia. También se les dice “amen” a enseñanzas ecuménicas tales como la cuaresma, el misticismo de oración contemplativa o lectio divina; al evangelio social, a la evolución “teísta”, a la política dentro de la iglesia, etc.

El “amen” es una afirmación solemne que confirma que lo escrito o dicho por alguien, es la Palabra de Dios. Por lo tanto, debemos tomarle el peso a lo que significa esta expresión bíblica, y no decir “amén” a cualquier  frase, idea o hecho puramente humanista que mana de un corazón perverso y engañoso (vea Jeremías 17:9).

Magistral enseñanza de Pablo respecto al “amen”

El apóstol Pablo no solo eleva la necesidad de que digamos “amen” a las oraciones con acción de gracias (1ª Corintios 14: 16), sino que además eleva el significado del “amen”, enfocando al único que es digno de reunir todas nuestras miradas en promesas y esperanza de salvación:

“Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha sido predicado por nosotros, por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No; mas ha sido Sí en él;  porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.  Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios” 2ª Corintios 1:19-21

Quizás este es uno de los textos que presenta de manera magistral la esencia de la expresión de confirmación bíblica llamada “amen”. Es Cristo quien confirma las promesas recibidas. Pablo dice que el “SÍ” de confirmación es “en Cristo”. Por tal razón agrega que todas las promesas son “en él”. Note que “él”, no es un artículo, sino que un pronombre personal; es decir, es Cristo mismo quien confirma en él mismo, todas las promesas de Dios para con nosotros. Por eso Pablo utiliza la solemne confirmación “amen”. Así que, cuando prediquemos el evangelio y hablemos de las promesas de Dios para con los pecadores redimidos en Cristo Jesús, ahí sí que  debemos irrumpir con un profuso “AMEN” para la gloria de Dios.

Amados hermanos que la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo nos ayude a acoger esta breve reflexión para el adecuado uso de una solemne expresión de confirmación, y no decir “amen” a todo. Que así sea, Amen. Maranata!

PEL 05/2019

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