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SOLO UN POCO DE CIANURO

“Un poco de levadura leuda toda la masa” Gálatas 5:9


El cianuro es uno de los compuestos químicos más venenosos que existen, y su tratamiento debe ser manejado con extremadas medidas de seguridad. Cualquier ambiente o materia, sea liquida o sólida, y que haya sido expuesta a la más mínima porción de cianuro, esta debe ser inmediatamente alejada y aislada por la seguridad de las personas. Nadie en su sano juicio se atrevería a manipular cianuro sin las debidas medidas de seguridad.

Cuando observamos algunas enseñanzas peligrosas que en la actualidad están circulando en las iglesias cristianas, nos acordamos del clásico ejemplo del veneno. No necesitamos grandes porciones de veneno para contaminar una comida cuyo 95% de compuestos podrían ser nutrientes y elementos necesarios para la salud. De la misma forma en un vaso de agua con una capacidad de 200 ml, tan solo basta con “un poco de cianuro” para envenenar toda el agua. ¿Qué haría Ud., por más sed que tuviera, con un vaso cuyo 95% contiene agua potable y tan solo el 5% es cianuro? ¿Lo bebería? – De la misma forma hoy escuchamos predicadores y pastores que en el 95% de sus exposiciones enseñan la verdad, pero tan solo el 5% es la mentira letal que contamina todo el mensaje.

El texto bíblico base que se menciona en el encabezamiento de este artículo, es una de las tantas enseñanzas de Pablo que permite entender como ingresa el engaño y la mentira que ya en su tiempo se paseaba en medio de las iglesias. El texto habla de lo que estaban atravesando las iglesias de la región de Galacia; las cuales comenzaron en lo correcto siguiendo el evangelio verdadero, pero comenzaron a deslizarse hacia el judaísmo que negaba los principio de la salvación por gracia y la justificación por fe. Pablo llego a decir, “quien os fascino para no obedecer a la verdad” (Gálatas 3:1). Pablo atribuye lo ocurrido solo a un “poco de levadura” que termina por contaminar toda la masa. Las iglesias de Galacia permitieron solo “un poco de cianuro” el cual fue suficiente para envenenarlas. Es interesante enfatizar que no se necesita mucha cantidad de veneno para lograr sus efectos.

Es por esta razón, que la enseñanza debe ser 100% probada y conforme a las escrituras. No hay otra alternativa. No podemos permitir ni un átomo de falsa enseñanza; de lo contrario todo será descompuesto al corto plazo, y satanás lo sabe muy bien.

“No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” 1 Corintios 15:33

Este otro pasaje selecto de las escrituras, nos presenta el caso de la iglesia de Corinto; ubicada en una región helénica cuya influencia social era racionalista e intelectual. Recordemos la antigua sociedad griega que gustaba de los foros públicos, de la dialéctica y de la filosofía. Este caldo de cultivo también afectaba la comunidad cristiana de Corinto, y fue precisamente allí donde se comenzó a socavar la doctrina de la resurrección. Por eso es que Pablo advierte contundentemente que si la resurrección no fuera verdad, y si Cristo no resucitó, entonces vana es la fe y vana la predicación (1 Corintios 15: 14).

En este mismo mensaje, es cuando Pablo les dijo directamente a los creyentes de Corinto que “las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres”. Acá no se trata de un asunto de moral o vida cívica, sino que de doctrina. El atender a enseñanzas que atentan contra la doctrina pura legada por El Señor y sus apóstoles, es enfrentarse al riesgo de corromper nuestra sincera fidelidad a Cristo y su doctrina. Eso es lo que justamente estaba ocurriendo en Corinto.

A miles de años de esa realidad vivida en el seno de la iglesia, estamos presenciando con mucha nitidez, como este texto y advertencia cobra tanta vigencia en medio del pueblo de Dios. Hoy muchos de los que antes enseñaban y defendían con celo la doctrina, ahora han permitido que “un poco de cianuro” contamine todo. Esta es la realidad del engaño de los últimos tiempos (2 Timoteo 3:1) y pocos son los que están discerniendo lo que está pasando.

Debemos meditar en cuanto al grado de tolerancia que debemos tener ante una doctrina cuyo 95% es verdad y solo el 5% es falso. Hoy los “doctores” nos dicen que debemos ser maduros y no ser radicales con doctrinas de tercer o cuarto grado. Me pregunto ¿Quién les dio autoridad a ellos para categorizar o sub-dividir la doctrina de Cristo desde primero, segundo, tercero o cuarto grado? Este tipo de enseñanzas deben ser analizadas en un concepto de tolerancia cero. La biblia no autoriza negociar la verdad.

Algunos apelan al texto de Pablo que dijo que debemos retener lo bueno de todo. Entonces tendríamos que por ejemplo, decir que el catolicismo presenta un amplio porcentaje doctrinal que es verdadero; así también algunas sectas enseñan algunas verdades bíblicas. También el afamado Rick Warren y sus seguidores, de diez palabras, nueve son verdad. Con todo esto, ¿Debemos entonces aceptar sus enseñanzas porque su balanza se inclina hacia la verdad y el resto que es la mentira simplemente debemos desecharla? O acaso ¿Debemos desmenuzar la enseñanza y dejar lo malo de lado y “comernos el resto”; como quien filetea un pescado antes de freírlo? Honestamente hablando, no estoy seguro de que alguien en su sano juicio se coma un pescado que solo tiene gusanos en sola un aparte de su cuerpo.

En la actualidad existen corrientes de doctrina y movimientos cuyo alto porcentaje de enseñanza es la pura verdad, no obstante, un minino corresponde a un veneno tan letal como el cianuro. Una vez que el “alimento” se ha contaminado, es obvio y hasta de Perogrullo, que no podemos comerlo y debemos desecharlo. A modo de ejemplo, hoy se socava la doctrina del arrebatamiento de la iglesia, de la vigencia de un pueblo terrenal escogido por Dios llamado Israel, del reinado futuro de Cristo y del carácter peregrino de la iglesia; y todo, en medio de un 95% de verdades que encapsulan el veneno y que no permiten que el pueblo de Dios escuche “todo su consejo” Hechos 20:27

Cuando Pablo dijo: “Examinadlo todo, retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21), no estaba diciendo con ello que debamos aceptar todo y dejar de lado solo lo malo. Si así fuera, entonces todo el pecado de sincretismo religioso que Israel cometió en sus constantes mixturas con los pueblos paganos, no hubiese tenido la dura reprensión de Dios como las escrituras registran. La doctrina de Dios debe ser pura, sin aditivos ni componentes profanos que solo producen contaminación. Pablo dice en el versículo anterior que las profecías no deben ser menospreciadas o despreciadas (1 Tesalonicenses 5:20), por lo tanto, el creyente debe examinar todo, es decir, toda doctrina si está conforme a la Palabra de Dios, y solo retener la verdadera, y el resto desecharlo. Hay una radicalidad absoluta en la enseñanza apostólica en este punto:

“Como te rogué que te quedases en Éfeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina” 1 Timoteo 1: 3

“Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina” 1 Timoteo 4:16

“Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” Tito 2:1

“Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido!” 2 Juan 1:10

Estas son advertencias apostólicas que están en las escrituras, y que nos enseñan acerca de la importancia de toda la doctrina y no solo parte de ella. La doctrina debe ser una y solo una, y debe estar basada en la biblia y no en interpretaciones privadas de algún hombre, por más doctorados que este tenga.

No pensemos que el engaño viene en porciones grandes; al contrario. Comúnmente el engaño siempre viene encubierto en porciones pequeñas casi imperceptible, y solo estar en línea y perfecta sumisión a la Palabra de Dios nos permitirá detectarlo ya que leer la biblia antes de leer libros de hombres, nos agudiza el discernimiento entre el bien y el mal. Pablo enseñó como principio que un poco de levadura, leuda toda la masa (Gálatas 5:9), por lo tanto, debemos entender que solo “un poco de cianuro” es suficiente para envenenar un vaso de agua.

Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo nos de sumisión ante esta reflexión. Que así sea. Amen.

PEL 03/2017

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